RIBEIRA - El enigma de la caja de bombones belgas en un juzgado de la ciudad

Hay misterios que tardan mucho en resolverse o de los que jamás se llega a saber nada, incluso aunque se produzcan en una sede judicial, en donde en cierta manera están más o menos acostumbrados a tener que lidiar con ese tipo de cuestiones para resolver algunos casos.

RIBEIRA - El enigma de la caja de bombones belgas en un juzgado de la ciudad
La sede judicial riveirense fue escenario de un enigmático obsequio CHECHU
La sede judicial riveirense fue escenario de un enigmático obsequio CHECHU

Hay misterios que tardan mucho en resolverse o de los que jamás se llega a saber nada, incluso aunque se produzcan en una sede judicial, en donde en cierta manera están más o menos acostumbrados a tener que lidiar con ese tipo de cuestiones para resolver algunos casos. Sucedió hace unos días en las oficinas de la sección penal del Juzgado de Primera Instancia e Instrucción Número 3 de Riveira, que en esos momentos se encontraba en servicio de guardia. Sus funcionarios encontraron una caja de bombones belgas, que contenía un total de 18 unidades, en una estantería en la que habitualmente suelen colocar productos alimenticios que les sirven de avituallamiento para sus duras jornadas laborales. Esos dulces iban en el interior de una bolsa de color negro con una presentación muy elegante, según indicaron algunos testigos.
A mayores, esa caja de bombones, cuyo precio al público es de alrededor de 16 euros, iba acompañada de una nota anónima en la que figuraba el siguiente texto: “Para que ‘el blanco’ no se sienta solo”. Esta última frase es la que ha generado cierto misterio entre los empleados judiciales, pues además de no saber quien la envió o depositó en ese lugar, desconocen hacia quien puede ir dirigida. Para lo que no tuvieron ninguna duda fue para comérselos, apreciando su exquisito sabor y la calidad del chocolate con el que están elaborados. Además de dar buena cuenta de ellos, hicieron partícipes de ellos a compañeros de otros departamentos del edificio de los juzgados de la capital barbanzana, que los degustaron con placer y sin miramientos, pues “a caballo regalado no le mires el diente”, llegó a decir alguno.
Desde entonces se preguntan los unos a los otros por quién puede ser la persona que depositó esa caja de bombones exactamente allí y que escribió la nota dirigida a “el blanco”, un apelativo con el que no se identifica ningún trabajador. Hay quien cree que el que tuvo ese detalle debe trabajar en la sede judicial, para saber que allí ponen rosquillas, bicas y otras cosas para picar. Otros dicen que posiblemente se pueda tratar de alguien que trate de buscar un acercamiento a esa persona a la que se dirige. De momento, el enigma está servido.