• Lunes, 11 de Diciembre de 2017

Egiptólogos descubren cómo eran las lluvias en Tebas

 

Tras cinco años de excavaciones en Luxor, los egiptólogos de la Misión Arqueológica de la Universidad de La Laguna han logrado identificar al propietario de la tumba TT209, que es más antigua de lo esperado.

 

Egiptólogos descubren cómo eran las lluvias en Tebas
Imagen de la tumba TT209, en Luxor | efe
Imagen de la tumba TT209, en Luxor | efe


Tras cinco años de excavaciones en Luxor, los egiptólogos de la Misión Arqueológica de la Universidad de La Laguna han logrado identificar al propietario de la tumba TT209, que es más antigua de lo esperado y que, sin haberlo previsto, ayudará a conocer cómo eran las lluvias en Tebas en el primer milenio.
Miguel Ángel Molinero, director del proyecto Dos Cero Nueve y profesor del Departamento de Prehistoria, Arqueología e Historia Antigua de la Facultad de Humanidades de la ULL, explica que la TT 209, una tumba del Periodo Tardío situada en la orilla occidental de Luxor, es distinta a lo que se esperaba por su original arquitectura y, según sus estudios, es la construcción más antigua que se conoce actualmente de la Dinastía XXV.
Las excavaciones han permitido corregir la datación de la tumba, que ahora puede ser atribuida a esta Dinastía (c. 747 a 664 a.C.), originaria de la ciudad-estado de Napata (Kush), y el nombre y los títulos de su propietario nubio, Nisemro, el “supervisor del sello”.
La TT 209 fue construida en la ladera norte del wadi Hatasun, que nace en el valle de los Colores y entra en el del Nilo junto al muro meridional de la “Mansión de millones de años” de Ramsés II. “La información disponible sobre el yacimiento antes de iniciarse la primera campaña de nuestro proyecto era muy escasa. Del grupo de tumbas tebanas tardías de tamaño medio, era una de las menos conocidas”, relata Miguel Ángel Molinero.
La primera actuación sobre el terreno fue en julio de 2012 y cuando empezaron el trabajo de campo la tumba ya no se veía. “Identificamos dónde estaba por referencias antiguas. Estaba completamente sepultada por riadas recientes del wadi, las basuras caídas desde la aldea de Hurubat y algunos escombros del momento de la demolición de sus casas”, pues la población local fue desplazada de allí cinco años antes. Lo que no esperaban los egiptólogos era que al excavar los sedimentos que cubrían la tumba constatasen que no habían entrado por el viento, sino por lluvias procedentes de la montaña.