La polémica estatua de Manuel Fraga ya es historia y “nunca volverá” mientras gobierne la izquierda

Cuando la izquierda cambadesa arrebató la Alcaldía al PP había un asunto ineludible en la agenda política: el futuro de la polémica escultura de Fraga. Su retirada era previsible tras años criticándola y pidiéndole lo propio al gobierno de Luis Aragunde.

La polémica estatua de Manuel Fraga ya es historia y “nunca volverá” mientras gobierne la izquierda
Un operario remueve el pedestal antes de enganchar y retirar la escultura | d. a.
Un operario remueve el pedestal antes de enganchar y retirar la escultura | d. a.

Cuando la izquierda cambadesa arrebató la Alcaldía al PP había un asunto ineludible en la agenda política: el futuro de la polémica escultura de Fraga. Su retirada era previsible tras años criticándola y pidiéndole lo propio al gobierno de Luis Aragunde. Sin embargo, en los comienzos del cuatripartito no era el momento, decían, y hace un año, tampoco. “Non houbo unanimidade e agora xa non a buscamos porque somos un goberno de esquerdas e progresista e á súa retirada é imprescindible”. Lo decía ayer el concejal del BNG, Víctor Caamaño, que finalmente consiguió el apoyo de PSOE y Somos porque para su tercer socio de gobierno, Pode, no era una prioridad ni antes ni ahora. 

“Unha decisión de Cultura”
José Ramón Abal Varela lo escenificó ayer ausentándose en un acto de retirada, muy esperado por una parte de la sociedad cambadesa, y en el que incluso hubo aplausos cuando el “Don Manuel” de bronce salió del Jardín de Torrado donde fue instalado en 2012 con el gobierno del PP. De hecho, Caamaño recalcó que, aún contando con el “apoio maioritario”, es “unha decisión de la Concellería de Cultura” y no querían esperar más. “Nunca debeu estar aquí, danos exactamente igual se fixo ou non por Cambados, valoramos o que era realmente. Trae o recordo negativo do Franquismo”. Y como luego matizó la alcaldesa socialista, Fátima Abal, incumple la Ley de la Memoria Histórica. 
Con varas de hierro, los trabajadores de una empresa externa, con ayuda de operarios municipales, fueron removiendo la base pétrea sobre la que descansaba la estatua –de unos 600 kilos de peso y algo más de dos metros de altura– para luego afianzarla con cuerdas y arneses hasta elevarla por encima de la verja del patio y posarla en un camión que luego viajó a Meis, al taller de su autor, Lucas Míguez. Según Caamaño, se depositará allí “temporalmente” y hasta no se sabe cuándo, pero “nunca regresará a un espazo público de Cambados”.

Sin pagar unos 5.000 euros
El Concello no sería el propietario de la pieza porque “non atopamos documentación” probatoria de que pagó dinero público por ella, que “sería máis grave”, pero tampoco se creen “as mentiras do PP, de que foi un grupo de viticultores, cando foi o PP. Vincular á súa colocación co Albariño é unha manipulación; é inxusto”. No obstante, Caamaño expresó que el gobierno no tiene problema en entregarla a quien acredite su propiedad, aunque Míguez nunca cobró la totalidad del coste de su trabajo, que hace años se valoró en unos 15.000 euros y, según otras fuentes, solo habría recibido poco más de 9.000 euros. 
La satisfacción marcaba el rostro de las autoridades municipales y otros asistentes al acto. Los nacionalistas no ocultaron que se quitan una espinita. De hecho, preguntado sobre la ausencia de Abal Varela, el concejal se limitó a señalar que “non podiamos pechar Fefiñáns polo acordo de goberno ­–por petición de Pode, cabe recordar– e isto podía ser, aínda que gustará máis ou menos”. Y es que tanto para él como para su otro socio Tino Cordal, de Somos, fue más que una retirada; fue un acto que marca un antes y un después, fue un “xesto”, “un acordo entre as tres forzas progresistas que están a gobernar”, para hace notar que “o PP non sigue no goberno”. Y es que otras de las peticiones históricas de la izquierda cambadesa y siempre rechazadas por los gobiernos conservadores aún siguen en el tintero (PXOM o cerrar Fefiñáns, entre otras).
Caamaño también aclaró que  “non queremos polémicas” y, de hecho, destacó que el acto se hizo al mediodía, ante los medios de comunicación y a diferencia de su instalación; realizada “ás agochadas”, según la alcaldesa. De hecho, la socialista Fátima Abal, aseguró que todo aquella compra e instalación estuvo rodeada de un “oscurantismo total” y además, “a Festa do Albariño é do pobo de Cambados, non tiña xustificación”.
“Concello desatendido” 
Tampoco quiso polemizar Abal Varela. A esas horas estaba en su despacho del Ayuntamiento. “Non vou entrar a valorar se é correcto ou non”, pero desde luego “non percibo dos veciños que fora unha prioridade, pero temos diferentes sensibilidades e cada un ten as súas”, explicó. No obstante, no vio con muy buenos ojos la movilización de sus socios de gobierno. “Eu non estiven porque prefiro estar aquí, atendendo aos veciños porque, ao final, foron tres forzas perdendo unha mañá, deixando desatendidas as súas áreas no Concello”, añadió. 
El edil de Pode explicó que estuvo trabajando en la presencia de Cambados en la Feria Gourmet de Madrid, la limpieza de parroquias que iniciarán a partir del lunes, cerrando detalles de la caravana nacional para publicitar la Ciudad Europea del Vino... En definitiva “cuestións de interese xeral” y que, considera, “será o que examinen os veciños dentro de dous anos e todo o que sexa desviarse diso, paréceme un erro”. 
Cuando Abal Varela realizaba estas manifestaciones, el reloj marcaba casi la una de la tarde y la afluencia en Torrado había empezado a diluirse. Cambados retiraba así de la vía pública una polémica obra que fue inaugurada en el Xantar do Albariño de 2012 con la presencia del presidente de la Xunta y otras autoridades municipales y locales.

Una obra controvertida, objeto de vandalismo, protestas, pero también de admiración

Hubo un día en que muchos querían posar con ella, hubo otro día en que amaneció cubierto de una pintura roja, emulando un chapucero disfraz de Superman, y en un tercero, lo pintaron de verde para convertirlo en otro superhéroe, esta vez de Batman. Algunos lo veían así. Aquellos que siempre defendieron su figura, a pesar de su pasado como ministro franquista, por su “amor” por Cambados y porque le atribuyen el impulso definitivo para que la DO Rías Baixas sea hoy el referente vinícola que es. Pero el propio artista, Lucas Míguez, reconocía ayer que el proyecto “naceu mal parido”. Y es que siempre planeó la sombra de que el Concelo había pagado la estatua y una parte de la sociedad cambadesa nunca vio con buenos ojos destinar dinero del erario público para homenajear al personaje, ni vestido de albariñense.
Plenos tensos 
Centró sesiones plenarias tensas. La propia alcaldesa, Fátima Abal, recordaba ayer en la que ejerció por primera vez como portavoz de su partido, en sustitución del desaparecido Rafael Blanco. De hecho, cree que le hubiera gustado mucho vivir la jornada de ayer. En aquella sesión, en junio de 2012, faltaban poco más de dos meses para descubrir la escultura, y PSOE y BNG se unieron para evitar lo inevitable: que acabase instalada en un espacio público, como es el Pazo de Torrado. Nada hacia presagiar en aquel momento que un día les unirían la urnas y devolverían la pieza a su creador. 
Si su inauguración fue por todo lo alto, con la presencia del presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, y otras autoridades de máximo nivel poco antes de empezar aquel Xantar; su permanencia fue más bien una reclusión (su ubicación definitiva fue tras la verja del patio trasero del Pazo de Torrado). Esto no impidió que los vándalos treparan y lo convirtieran, paradójicamente o irónicamente, en el héroe que fue para muchos al traer millonarias inversiones para Cambados, sin olvidar la consecución de un Parador. Pero sus “luces y sombras”, como mencionan aquellos que no tienen clara su postura, contrarrestan con la férrea postura del actual gobierno, que no puede olvidar que fue ministro de un dictador. “Nunca condenou os asasinatos de Franco”, decía ayer Abal.
La polémica llegó a trascendió a nivel nacional, en Facebook nacieron páginas exigiendo su retirada y no faltaron las protestas públicas. Las Xuventudes Socialistas se concentraron frente al Consistorio y el primer día de aquel Albariño, un grupo de vecinos improvisó una protesta pacífica, haciendo de “mimos” en A Calzada. Después, la crispación se fue relajando y solo volvió a la palestra cuando la izquierda que tanto la criticó logró la Alcaldía. Dos años ha tardado el cuatripartito. l