San Julián convierte A Illa en pasarela para poner el punto y final a las fiestas

No hay fiesta como el San Julián. Por lo menos eso aseguran los isleños. El día del patrón en A Illa de Arousa vivió ayer una jornada de buena afluencia al recaer en domingo. La previsión de una multitud por las calles del centro llevó al Concello

San Julián convierte A Illa en pasarela para poner el punto y final a las fiestas

No hay fiesta como el San Julián. Por lo menos eso aseguran los isleños. El día del patrón en A Illa de Arousa vivió ayer una jornada de buena afluencia al recaer en domingo. La previsión de una multitud por las calles del centro llevó al Concello este año a cortar al tráfico la Praza de O Regueiro y todos sus accesos, a partir de mediodía, momentos antes de la salida de la procesión.
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La cita no defraudó y volvió a contar con todos los elementos que le son típicos, el más notorio, el vestuario. Traje y corbata ellos, vestidos ellas, volvieron a dominar en la jornada donde cada quien luce sus mejores galas, como una prórroga a las aún cercanas celebraciones del año nuevo.
También hubo tiempo para los actos litúrgicos, porque San Julián sigue teniendo una importante legión de fieles en la localidad.
Tras la misa solemne, salió la procesión, por los lugares de costumbre, inundando las calles del centro urbano pasada la una y media de la tarde.
Así, mientras el resto de la comarca de O Salnés ponía punto y final a las citas de Navidad el sábado, con la celebración de Reyes, los isleños volvieron a disfrutar de un epílogo en forma de fiesta patronal con el que prolongar un día más los excesos de estas fiestas. Los locales hosteleros concentraron una nutrida presencia de grupos de amigos y familiares para las habituales comidas de hermandad, aunque muchos otros decidieron hacer un último gran banquete por estas fechas en casa. Sea como fuere, las corbatas, pajaritas, vestidos, brillos y lentejuelas tomaron durante buena parte del día los espacios públicos del municipio, preludiando una de las noches más largas del año en A Illa en la que muchos no tenían pensado dejar de festejar hasta las luces del día siguiente, el lunes 8.
En una jornada como esta, en contraste con la anterior, la calle luce desierta mientras la vecindad se recupera de tanta celebración. Es el que los isleños llaman “día do can”, en el que antiguamente solo estos animales eran vistos deambulando por los callejones de la localidad.