• Sábado, 25 de Noviembre de 2017

El patrimonio local sale a la venta

Una buena parte de la historia arquitectónica de Vilagarcía se encuentra a la venta en internet. Portales inmobiliarios piden cifras millonarias por edificos que tras sus dañadas paredes esconden un pasado lujoso.

El patrimonio local sale a la venta

Una buena parte de la historia arquitectónica de Vilagarcía se encuentra a la venta en internet. Portales inmobiliarios piden cifras millonarias por edificos que tras sus dañadas paredes esconden un pasado lujoso.
Es el caso de la otrora mansión de los Duques de Terranova, que la construyeron en los últimos años del siglo XIX para agasajar al rey Alfonso XII con una mansión de verano. Las crónicas de la época todavía recuerdan al hijo de este rey, el también monarca Alfonso XIII, leyendo el periódico en el inmueble de infinitos ventanales.
Pero aquella gloria es en la actualidad pasto de decadencia. Las últimas actuaciones llevadas a cabo en el inmueble, el tapiado de las ventanas del piso más bajo, tratan de frenar un deterioro que afecta al exterior y al interior, y que obligaría a realizar una costosa reforma en el caso de que alguien se decidiese a invertir los dos millones y medios que solicitan los dueños por deshacerse de la que fue la joya de la corona.
También mejores tiempos vivió el Pazo de San Antoniño do Pousadoiro, construido en 1766 y propiedad de la familia Lorenzo hasta finales del siglo XIX. Después pasó por varios manos y hasta acogió aspiraciones de hotel. Llegó a venderse por 1,1 millones de euros, pero en la actualidad su precio descendió hasta los 710.000 que se reclaman en el portal Idealista.com, donde lo definen como un “caserón”.
El anuncio especifica, eso sí, que es necesaria una reforma. Lo cierto es que la estructura del inmueble, que forma parte del inventario de bienes a conservar del Concello de Vilagarcía, presenta diversos daños y se pueden ver boquetes en suelo y tejado. Llama asimismo la atención el mal estado de un hórreo que perdió la mitad de su cubierto y está sujeto al suelo con un entramado de palos.
En el catálogo también se incluye Villa Güimil, un inmueble que incluso sirvió de inspiración a una tesis universitaria, en la que se destaca como modelo de arquitectura urbana, y que adolece en busca de una segunda oportunidad. Su estado todavía era pasable a finales del siglo pasado, hasta que sufrió un incendio. Los efectos de las llamas fueron agravados por el tiempo y por un convenio urbanístico que contemplaba una rehabilitación que nunca se produjo. En la fachada del inmueble, situado en segunda línea de playa, cuelga un cartel de “Se Vende” ya descolorido por el paso de los años.
Difícil mantenimiento
Las causas que llevan a los propietarios a vender no siempre son el ánimo de especular. Este es el caso de un inmueble perteneciente a la familia Ozores situado en Sobradelo, cerca del cementerio. Su propietario, Gonzalo Ozores, explica que el mantenimiento del inmueble y sus jardines se le hace muy complicado ya que “soy un trabajador”.
Aún así acude periódicamente al solar y cuenta con la ayuda de ganado para mantener en perfecto estado los jardines. El inmueble, en el que no habita nadie desde hace una década, precisa pequeños arreglos, pero se encuentra muy lejos del estado ruinoso en el que se encuentran el resto de los edificios. Eso sí, debe enfrentarse con cierta frecuencia a los vándalos, una auténtica lacra para los bienes patrimoniales, que dejaron su huella sobre una de las galerías.
La casona sale a la venta por un millón de euros, pero quien la adquiera podrá disfrutar de unos enormes jardines que esconden secretos como un palomar o un hórreo de importantes dimensiones. Su propietario cree que sería la ubicación ideal para una casa rural con encanto.
Actuación municipal
El mal estado de los inmuebles históricos no suele encontrarse con actuaciones contundentes por parte de las administraciones. Sin embargo, en Vilagarcía se dio un ejemplo en este sentido. El Concello se hizo cargo de la obra de consolidación de una casa en ruinas en el barrio de O Castro, que sufría continuos desprendimientos, obligando incluso a cerrar un callejón. En este caso fue necesaria, además, una batalla judicial que acaba de finalizar. Ravella recuperó 160.000 euros. l