Para la Guardia Civil no hay duda. El autor del asesinato de Ramón Outeda Dopazo el pasado 15 de junio de 2005 de dos balazos en la puerta de su casa, fue Claudio Esperón Carballo. El alférez del Instituto Armado que dirigió la investigación declaró ayer en el juicio que seis días después de que se cometiera el crimen recibieron un chivatazo por parte de un confidente que apuntaba hacia este cambadés como presunto autor del ajuste de cuentas.En ese momento centraron sus investigaciones en él y mostraron sus fotos a la familia que, en un principio, no pudo reconocerlo ya que eran en blanco y negro y antiguas. Por tanto, continuaron buscando otras vías.
Reconoció que la investigación fue larga en el tiempo y difícil porque se trataba de un caso con ausencia de testigos, por lo que continuaron buscando pruebas entre personas que se dedican al narcotráfico, aunque por ese camino no llegaron a ningún sitio.
El instructor del caso expuso que el momento determinante fue cuando se le intervino el arma homicida a Claudio Esperón Carballa tras ser detenido en Lalín por robo y secuestro de una persona. Ahí se cerró el caso, porque estaba muy claro, concluyó.
También comentó que cuando Claudio Esperón Carballa fue detenido tenía el mismo coche de alquiler que en la fecha en la que se cometió el asesinato y que después de inspeccionarlo se pudo comprobar que se le habían manipulado las placas de matrícula.
Al respecto del vehículo del acusado, dijo que siempre alquilaba un Renault Clio y cuando en la prensa salieron informaciones que vinculaban al asesino con esa marca de coche lo cambió por un Nissan Almera.
Todas estas consideraciones las efectuó tras las preguntas del fiscal y de la acusación particular, ya que la defensa se metió más a fondo en cuestiones más escabrosas y relacionadas con actividades de narcotráfico.
Así, dio a conocer que tras recibir el chivatazo de que Claudio Esperón Carballa pudiera ser el autor material del ajuste de cuentas, notó que la familia era reticente a la hora de colaborar con la Guardia Civil.
Así, 15 días después del crimen los investigadores tuvieron la percepción de que la familia estaba asustada, sobre todo la viuda, porque no sabía si iban a matar a alguno de sus hijos, motivo por el que tuvimos que ganarnos su confianza poco a poco, debido a que la instrucción exigía que también desvelaran datos relacionados con el mundo del narcotráfico.
Sobre esta cuestión añadió que la esposa miraba siempre hasta donde podía llegar para hablar de actividades de narcotráfico y no perdjudicar a su familia.
En este sentido, apuntó que Ramón Outeda Dopazo fue amenazado por personas que querían cobrar una deuda por la pérdida de un alijo de cocaína. Comprobaron más tarde que ya estaba zanjada y que se pagó con un bajo en Vilagarcía.
La defensa también se interesó por el teléfono móvil de la víctima que, según declaró el alférez, no aparecía, hasta que las forenses confirmaron que se encontró en uno de sus bolsillos.
El alférez que dirigió la investigación del asesinato de Ramón Outeda Dopazo desde un principio concluyó su declaración diciendo que tengo la convicción de que Claudio Esperón es el posible autor del crimen porque sus datos coinciden con el retrato robot que se hizo. Además, tenía alquilado el coche que estuvo en la casa de Outeda y que dejó días después y, sobre todo,tenía el arma homicida en su poder.
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