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Martes 6 de Enero 2009 Opiniones

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DISCRIMINACIÓN LABORAL

OPINIÓN

JOSÉ MANUEL PENA

VECINO DE RIVEIRA

Quien no recuerda a las sufridas mujeres, la mayoría de avanzada edad, trabajando de sol a sol en las fábricas de conservas o salazón de cualquier pueblo de la Ría de Arousa, donde realizando el mismo trabajo que los hombres percibían menos de la mitad del salario, además de aguantar la humillación y los insultos de los encargados de las fábricas. Esto ocurría en los años sesenta y setenta. Hoy día continúa sucediendo, después de la Constitución del 1978 y a pesar de que vivimos en plena sociedad democrática y de libertades.

La discriminación laboral es tan habitual y real que parece obviarse por parte de los agentes sociales, empresarios y sindicatos, así como por parte de toda la sociedad.

A estas alturas parece normal que una mujer asalariada perciba inferior salario que un hombre, a pesar de desempeñar la misma categoría profesional y realizar un mismo trabajo, dentro de la misma actividad. Y me pregunto ¿Por qué la mayoría de las mujeres consienten estas situaciones y no las denuncian?. ¿Acaso temen perder su puesto de trabajo? Algunas de ellas trabajan más de ocho horas al día y perciben un salario mensual que no llega a los 700 euros. ¿Merece la pena vivir esta esclavitud, en pleno siglo XXI?

Luego aún tenemos que aguantar a muchos comentaristas políticos decir que Galicia va bien. Digo yo que les irá bien a ellos, pues la realidad es otra bien distinta para muchas mujeres y familias humildes de nuestro entorno más próximo y también del más lejano.

Los poderes públicos tienen mucho que decir en este asunto. Conocen la realidad que están viviendo muchas mujeres, ahora solo tienen que hacer cumplir la legalidad vigente y defender el acatamiento de un derecho fundamental contemplado en el artículo 35 de la Constitución española, “todos los españoles tienen derecho a una remuneración suficiente para satisfacer sus necesidades y las de su familia, sin que en ningún caso pueda hacerse discriminación por razón de sexo”. Aunque como se ve parece estar olvidado en lo más recondito de la mente humana y del sentir colectivo.



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