• Jueves, 23 de Noviembre de 2017

Ramón Iribarnegaray, en Arte Imagen

La galería Arte Imagen ofrece una muestra de fotografía de Ramón Iribarnegaray (Santiago de Compostela, 1950)

La galería Arte Imagen ofrece una muestra de fotografía de Ramón Iribarnegaray (Santiago de Compostela, 1950), cuyo título Recapitulando_me alude –según confiesa el autor– a una selección de obra de los últimos cinco años, agrupada en cuatro temas: “Estacional”, “Agua como excusa”, “Pueblos al paso” y “ El futuro del teléfono móvil” . En las tres primeras es fundamental la presencia de la naturaleza, captada ya en todo su esplendor cromático otoñal, ya en las nebulosas, envolventes y grisáceas luces de Galicia. La serie “Estacional” recoge, entre otros, los dorados y altos álamos de Soria que podría cantar Antonio Machado, los caminos que llevan a Villalba y Guitiriz, rincones de Ponferrada, de Cecebre, de Ponteceso, del Corvo lucense, de Ponteareas o un espléndido campo de amapolas en Ibiza; el color vibra aquí en todo su esplendor, destacando los contrastes de rojo y verde; pero, para nosotros, la fotografía más hermosa es una vista de O Cebreiro nevado con toda su resonancia de soledad y silencio, acentuados por el solitario caminante que transita por un curvo camino; Ramón Iribarnegaray revela aquí una honda y saudosa sensibilidad que sólo podía ser galaica. Esta misma sensibilidad se manifiesta en las dos series de fotos en blanco y negro: “Pueblos al paso” y “Agua como excusa”; especialmente esta última nos hace viajar por los ultramares  del mar coruñés, por los que se aleja un crucero; o nos orilla en claroscuro junto a dos troncos añosos del monfortino río Cave; o nos deja recogidos en un rincón del viejo molino o entre la misteriosa fronda de una fervenza de Caaveiro; también, en un giro copernicano, nos lleva a Viareggio, en Italia, para que podamos contemplar la escena idílica de un padre y un hijo pescando; o, todavía más, nos pone en pura contemplación zen o animista ante el horizonte marino, ya puro espacio abierto, al que se asoman las tímidas y descarnadas ramitas de un arbusto. 
Su última serie: “El futuro del móvil” es quizá la más novedosa, porque se trata de una docena de instantáneas experimentales hechas con el teléfono, que revelan el ojo avezado del observador siempre a la caza del encuadre irrepetible;  así, el detalle nimio, rompedor, aparece de pronto con toda su intensidad plástica lleno de sugerencias: una tuerca oxidada, el interior de una calabaza, un  antiguo portal de incitaciones extraterrestres, la transparencia de un plástico de terraza que transforma la calle en un baile de líneas o la magia de una redonda lámpara de cristal que de pronto aparece como un enorme ojo en el que se refleja distorsionado el entorno del recinto; hay también lugar aquí para el rincón entrañable del pub Dublin, para la desdibujada carretera que se abre tras la lluvia que da en el parabrisas del coche, o para el pobre sin techo que arrastra su bagaje en la noche de la ciudad. 
La cámara de Ramón se muestra polifacética, abierta y vitalista, recoge con sencillez y transmite con gozo.