• Sábado, 25 de Noviembre de 2017

Un tribunal, muy amigo de Cousteau

EL novel especulador inmobiliario Ramón Espinar va a tener que seguir conformándose con zamparse mariscadas barateiras, de las de un par de berberechos y cuatro navajas, cada vez que viene de la metrópoli a la colonia podemita que es la Galiza ceive, porque como vaya a Italia no llega la plusvalía del piso de protección para pagarlas. Y es que el Supremo acaba de multar con 5.000 euros a un restaurante de Florencia por tener langostas en hielo y con las pinzas atadas. El animalista tribunal no dice nada de cocerlas, pero debe querer que hasta que llegue el momento de la ejecución anden de paseo por el bar. FOTO: una langosta | aec