• Miércoles, 20 de Septiembre de 2017

Perdonadnos hijos

Es evidente que lo estamos haciendo rematadamente mal. Aquellos que nacimos en las postrimerías del franquismo e iniciamos el camino de la democracia al final de la década de los 70

Es evidente que lo estamos haciendo rematadamente mal. Aquellos que nacimos en las postrimerías del franquismo e iniciamos el camino de la democracia al final de la década de los 70, teníamos la obligación de ofrecer a nuestros hijos un futuro prometedor e ilusionante. Un futuro de libertades y progreso en el que reinara la fraternidad y el mérito fuera un aval para el triunfo, todo ello en un ambiente de estabilidad y seguridad que les permitiera un desarrollo satisfactorio. 
!Obviamente no dimos una¡ Nos empeñamos, en todos los sentidos, para daros la mejor formación y facilitaros una integración razonable al mundo laboral! Se multiplicaron los esfuerzos públicos y privados para acabar con las fronteras y abriros un mundo lleno de oportunidades, se suponía que los idiomas os servirían para comunicaros con otras culturas, con otros seres humanos que os enriquecerían. Quisimos que aprendierais Historia para que conocierais los errores cometidos y no los repitierais. 
En definitiva, quisimos formaros para un mundo global en el que los valores más esenciales os condujeran a hacer el bien y compartirlo, que vivierais con el que piensa diferente desde el respeto y que contribuyerais a crear un mundo mejor para que disfrutarais del auténtico éxito en la vida: vuestra felicidad y la de los que os rodean. Pues lo dicho, ¡que mal lo estamos haciendo!. No solo no os dejamos un mundo mejor si no que os estamos complicando la vida de mala manera. Hoy, en lugar de ayudaros a buscar soluciones solo os planteamos problemas. En lugar de proponeros certezas cultivamos incertidumbres. Jóvenes que no encuentran oportunidades de trabajo y deben vivir con sus padres hasta los cuarenta años y ya entonces son viejos prematuros que se ven marginados en el mundo laboral por ser “mayores“. Los esfuerzos los estamos dedicando a discutir si España es una o diecisiete, si Franco ha muerto o todavía gobierna nuestras vidas, si merece la pena el esfuerzo y el sacrificio o es mejor ir a un programa de televisión de los llamados del corazón, insulto inmerecido para tan noble órgano de nuestro cuerpo, para conseguir fama y dinero rápido a costa de vuestra dignidad. Tampoco hemos sabido diseñar una escala de valores sociales democráticos de cuya mano todo se conduciría mucho mejor. 
Os estamos mandando a un mundo de violencia y miseria intelectual, donde no triunfa el mejor si no el más pillo y, muchas veces, el menos honrado. Donde la mentira tiene altavoces y consigue ser aceptada como verdad a fuerza de repetirla, donde la historia se modela al antojo del que teclea en su ordenador y donde el cortoplacismo copa todas las esferas del poder, alzando a lo más alto a la mediocridad que nos arruina económica y moralmente con el aplauso de una masa humana perdida y desesperada que compra mentiras a precio de verdades. Las consecuencias de todo ello las estamos viviendo hoy y parecemos empecinados en seguir por este camino errático. 
Por todo ello os pedimos perdón al tiempo que os pedimos que levantéis la cabeza y reconduzcáis tanto disparate para que nunca tengáis que pedir perdón a vuestros hijos, para que construyáis, vosotros, ese mundo que un día soñamos que viviríais y fuimos incapaces de construir. Otro mundo es posible y necesario, diría que imprescindible, pero debéis de crearlo vosotros, nosotros, con dolor lo reconozco, no supimos hacerlo. Que Dios os ayude a crear ese mundo que os merecéis y, ya de paso, también a perdonarnos.