Gobernar con todo a favor

La mejor receta para parecer un mejor gobernante es anular

a mejor receta para parecer un mejor gobernante es anular o por lo menos intentar minimizar a tus adversarios. Eso, y tener dosis de suerte. Parece que la fórmula es la que está poniendo en práctica este gobierno local. Le ha tocado el gordo de que las matemáticas le permitan convertir 8 concejales en 11. Es un equilibrio de cristal. Se puede romper en cualquier momento y pongo en duda que ellos mismos estén tranquilos con esa cuadratura del círculo, porque es poco fiable. Más bien es una bomba de relojería al lado de un bidón de gasolina.
La situación es tan fácil y tan compleja que tienen montado un tripartito, pero ninguno de ellos lo quiere reconocer. Es aquello de querer quedarse con los beneficios pero no querer pagar por el coste. También es cierto que interpretar como un “caro peaje” aparecer en la foto con tus propios socios es para todo, menos para sacar pecho. Negar lo evidente, lo que todo el mundo sabe, da la imagen de poca seriedad. El BNG hace mucho tiempo que ha dejado de tener vocación de partido de gobierno. Desplazado votación tras votación a posiciones residuales ha ido desapareciendo de parlamentos y concellos a pasos agigantados y las malas lenguas dicen que no hace falta ir a un vidente para que acierte que se esfumarán más pronto que tarde. “Alá eles”, que dirán en cada conversación que salga el tema.
El BNG se ha pasado de rosca y sigue siendo la oposición de la oposición, en este caso del PP. Les invito a que analicen las grandes preocupaciones del Bloque de Vilagarcía con respecto a nuestra ciudadanía… Ninguna! Están en el Concello única y exclusivamente para intentar desgastar al gobierno de la Xunta… o no se fían de sus parlamentarios en Santiago o no tienen nada que aportar en Vilagarcía más que aplaudir al gobierno de Varela.
Y de Alves, no voy a decir nada. Seguro que desearía volver a ser protagonista. Pero no seré yo la que le ponga el foco encima. Todo el mundo en esta ciudad sabe quién es, qué hace, cómo lo hace y dónde lo hace. El breve pero intenso currículum que atesora será cosa del pasado en 2019. De lo que no se entera el nuevo “socio” es de que le utilizarán mientras esté. A ver si se acuerdan de él al día siguiente de la noche electoral en 2019… ¿apostamos a que no?
El resumen de todo lo que ocurre en la política municipal vilagarciana es que estamos solos en la oposición. Hay más partidos, pero el que calla otorga y llevan dos años y medio otorgando demasiadas cosas con las que me consta no están de acuerdo. Muchas veces tengo la sensación de que el debate político se reduce a un pulso entre dos formaciones. El PP, preocupado por velar por el bien general de nuestros vecinos y vecinas, y el PSOE pensando cómo salir en las fotos y cómo seguir aumentando la recaudación por impuestos (¿ha revisado su último recibo del IBI? Pues hágalo y piense que su alcalde no ha querido bajar los tipos tal y como le pedimos en pleno. Pudo, pero no quiso…).
Es positivo y aleccionador haber sido gobierno para entender bien la labor de oposición y haber sido oposición para ser gobierno. Yo tengo el privilegio de haber vivido ambas experiencias y es una lástima que se intente convencer en los despachos, a oscuras y callados, a tus socios que son importantes y que les dejas sostener el cuchillo para repartir el pastel, cuando en la realidad lo único que buscan en el gobierno es que le sujeten el espejito mágico que refleja una imagen equivocada. El problema es que están toreando a quien de esto no sabe. No mostrar los informes y vender soluciones únicas a los problemas autogenerados es todo un arte. Como comprar voluntades.
Y si alguien está pensando que esta situación tiene algo que ver con el pacto de gobierno bipartito que hizo el PP con Ivil, le diré que ojalá. Que den el paso, que asuman concejalías y que sean valientes para hacer política por el bien de todos. Que para poner palos en las ruedas no hace falta un bloque y un díscolo. El PP seguirá haciendo lo que sabe: dejarse la piel por Vilagarcía, desde la responsabilidad que le toque en cada momento, y esté quien esté en la otra bancada.