• Martes, 24 de Octubre de 2017

Con el Gobierno de la nación

Había pensado titular este artículo de otra manera: “13 Rúe del Percebe”, que muchos lectores

Había pensado titular este artículo de otra manera: “13 Rúe del Percebe”, que muchos lectores de los viejos tebeos identificarán fácilmente con la situación actual. Lo haría si lo que estamos viendo no fuera tan grave o no hubiera que tomárselo con la seriedad que exige. Pero cuesta renunciar a ello porque lo que está sucediendo es un mal vodevil, un entremés estúpido donde los actores parece haber sido elegido entre lo peor de cada casa, que van de pillería en pillería tratando de engañar a los suyos y a los contrarios, o como protagonistas de un esperpento que, seguramente, contribuya a que Europa y el resto del mundo piensen que somos un país tercermundista, más cerca de África que de Europa.
Según análisis de la consultora Kaizen, “sólo el 20 por ciento del tiempo de los trabajadores españoles se invierte en tareas que aportan valor al negocio”. Este dato es muy importante cuando hablamos de productividad y competitividad, dos de las asignaturas pendientes de la sociedad española para afrontar un futuro con menos paro y empleo de mayor calidad. Apliquémoslo a la política y, en concreto, a la actual política en Cataluña. Ese 20 por ciento sería un resultado notable. Casi el 100 por cien del tiempo que están invirtiendo en el “proceso” los políticos catalanes y del resto de España, los empresarios y los medios de comunicación, por no hablar de todo el personal que se mueve en torno a cada una de estas profesiones, es un tiempo que no aporta valor al negocio, lo resta.
El espectáculo de los políticos independentistas catalanes es absolutamente lamentable y dice mucho de la política que practican. Hacer un referéndum sin censo y sin ninguna garantía; proclamar unos resultados que nadie ha certificado; declarar la independencia sin declararla; suspenderla sin haberla aprobado y sin votar suspenderla; hacerlo, apoyándose en unas leyes que el Tribunal Constitucional ha declarado nulas; firmar algo que nadie sabe lo que es; hablar de amistad hacia el pueblo español que, según ellos, les oprime; pedir diálogo desde la más absoluta ilegalidad y sin renunciar a ella; arrogarse apoyos inviables y promesas imposibles... Un circo. Perdón, el circo es un espectáculo merece más respeto que esta clase política que ni los catalanes ni los españoles nos merecemos. Hasta los de 13, Rúe del Percebe eran mucho más serios y sensatos.
Por eso, en este momento no cabe otra posición que estar con el Gobierno de la nación. Como está haciendo el Partido Socialista –sin escuchar los cantos de sirena de los que, por acabar con Rajoy, están dispuestos a lo que sea– o Ciudadanos y la inmensa mayoría de la sociedad española y, mientras no se demuestre lo contrario, también la catalana. Con el Gobierno y con las medidas que tome hasta que haya unas nuevas elecciones en Cataluña y, tal vez, en España. Primero vuelta a la legalidad y después, hablar. Los ciudadanos catalanes, sobre todo, los de la mayoría silenciosa y silenciada, tienen la palabra definitiva. No pueden dejar que otros se jueguen su futuro.