Meirás y Venezuela

El Pazo de Meirás siempre reaparece en agosto, como ocurría con el monstruo del Lago Ness.

El Pazo de Meirás siempre reaparece en agosto, como ocurría con el monstruo del Lago Ness. Este años desató la polémica la Fundación Franco al anunciar que aprovechará  las visitas a inmueble para “mostrar al público la figura de Francisco Franco” al que, en un arrebato delirante, califica como “el español de mayor relieve desde Felipe II”. 
Ese anuncio provocó la repulsa de las fuerzas políticas gallegas, desde Anova, el Bloque y los socialistas hasta los populares, una reacción obligada contra la apología del dictador golpista y de su obra, que debe proseguir hasta que el Pazo revierta al pueblo.  
Pero los políticos gallegos pueden estar tranquilos, el franquismo está muerto, solo queda de él algún rescoldo testimonial, como esta Fundación, que es un reducto de arcaísmo. En Galicia, la democracia goza de buena salud y de ella disfrutamos todos los ciudadanos, incluidos los nostálgicos del franquismo que balan periódicamente. Pero todo lo que digan y hagan , tanto en  Galicia como en el resto de España, no tiene más alcance que una conversación de taberna.  
Dicho esto, también es preocupante que la izquierda del país haga un “casus belli” del episodio del Pazo y bendiga la deriva dictatorial de Venezuela. Sensu contrario de la Fundación Franco, es igualmente delirante el comunicado de Anova que declara su apoyo al chavismo y acusa  a la oposición venezolana de recurrir a la violencia y al sabotaje. O que un referente de En Marea afirme que “Chavez convirteu en cidadáns libres ós ninguneados”; o que una dirigente de IU defienda el gobierno de Maduro porque “convoca  elecciones”, que ella no ve manipuladas. 
Suplantar al Parlamento legítimo por la Constituyente, encarcelar a los opositores, instalar la persecución y tortura y que la gente esté sufriendo y muera no deben ser motivos suficientes para que estos políticos gallegos condenen la involución del régimen venezolano, que es una versión de la dictadura cubana adaptada al siglo XXI.      
Tienen razón denunciando al franquismo, pero ¿por qué no denuncian con el mismo rigor y diligencia la violación de las libertades en Venezuela? ¿Son perversas las dictaduras de derechas y buenas las implantadas por la izquierda?  
Si los dirigentes de la “nueva política” no entienden lo que pasa en Venezuela, que pregunten a los miles de gallegos que perdieron sus negocios y a los retornados a los que el chavismo no paga la pensión. Ellos son “la gente” para la que, dicen, quieren gobernar.