Derivadas de Escocia para Cataluña

Escocia celebró un referéndum de independencia pactado por el escocés Alex Salmond con el inglés David Cameron,

 

Escocia celebró un referéndum de independencia pactado por el escocés Alex Salmond con el inglés David Cameron, que el Scottish National Party estuvo a punto de ganar. Pero perdió. Posteriormente, un 62% de los escoceses votaron en contra del Brexit, ya que es de sobra conocido su deseo de pertenecer a la Unión Europea (UE). Sin embargo, la primera ministra británica Theresa May -la heredera del desastre de Cameron- no está dispuesta a negociar un Brexit light que le permita a Escocia seguir en el mercado único europeo, sin abandonar el Reino Unido. Su prioridad –argumenta– pasa por negociar unidos frente a Bruselas.
En esta situación no parece descabellado comprender del deseo de Escocia de volver a las urnas, en 2018 o 2019, máxime cuando el Scottish National Party de Nicola Sturgeon ganó unas elecciones en las que había planteado celebrar otro referéndum en caso de un cambio sustancial y significativo en las circunstancias que prevalecieron en 2014, como sería que Escocia -arrastrada por el Reino Unido- quedara fuera de la UE en contra de su deseo.
Para las autoridades de Bruselas va a ser difícil conciliar su simpatía por las tesis de Edimburgo con su cerrada posición ante una consulta en Cataluña, porque de alguna manera son situaciones que dan lugar a una contradicción. No es lo mismo una cosa que la otra, indudablemente, pero hay posiciones de Escocia que pueden beneficiar, de rebote, a los independentistas de Cataluña.
¿Es Escocia como Cataluña? No. Como explicó Joan Tapia en El Periódico, la gran diferencia es que Gran Bretaña quiere salir de la UE -está saliendo de hecho-, mientras que España ha entrado en el directorio europeo. 
¿Pero qué dirían Bruselas y Madrid si prospera un nuevo referéndum en Escocia, hay independencia, gracias al derecho a decidir, y un posterior reingreso en la Unión Europea? 
En principio, si Escocia se independiza del Reino Unido, España lo respetará, pero no permitirá que se quede en la UE de buenas a primeras. Su mensaje está claro: una eventual Cataluña independiente –vista como hipótesis–, se quedaría en tierra de nadie, sin el amparo económico e institucional de la Unión Europea ni la cobertura de seguridad de la OTAN. Sobre el papel parece de libro, teniendo en cuenta los habituales criterios del Gobierno de Madrid, que Bruselas asume plenamente, pero otra cosa es que sea realista en caso de darse todas esas combinaciones.