Burocracia para díscolos

El filósofo, economista, jurista, historiador, politólogo y sociólogo alemán, 

El filósofo, economista, jurista, historiador, politólogo y sociólogo alemán, Maximiliam Carl Emil Weber, fue uno de los fundadores del estudio moderno de la administración pública, una organización del trabajo a la que se le daría el nombre simplificado de burocracia. Desde sus orígenes, a finales del siglo XIX, la forma de gestionar la cosa pública ha dado muchas vueltas y con el tiempo la burocracia ha ido sufriendo un inmerecido menoscabo de una parte de la opinión pública porque, como es lógico, la tramitación de cualquier gestión por los cauces legales lleva su tiempo, a veces demasiado.
En el caso de las administraciones públicas tarde o temprano, al final siempre sale adelante la gestión que se ha pretendido, pero otra cosa muy distinta ocurre en las compañías telefónicas en las que, a veces, hay que superar una auténtica odisea y convertirte en superhéroe para conseguir dar de baja un servicio.
Pero lo que supera a ambos casos juntos es el inicio de la apertura de un expediente a un militante de Esquerda Unida en Vilagarcía. Da igual que esa persona en cuestión sea concejal y desautorice pleno sí y pleno también a su portavoz y que su voto sea contrario al de sus compañeros de lista electoral. Es más, el edil díscolo, con la complicidad de otros afiliados, alguno de ellos condenado por comportamiento poco adecuado, presume de ser el adalid de la política izquierdista en Ravella sin que esta actitud suponga una reacción inmediata por parte de los órganos de dirección de esta organización política.
Sí, hasta Vilagarcía se desplazó Rubén Pérez, el secretario de organización de Esquerda Unida en Galicia y, por lo que se ve, para dar una palmadita en la espalda a Jesús López y María Mosquera, a quienes considera legítimos representantes de la formación, y reprender en público la actitud del díscolo Miguel Alves y compañía a quienes tenía previsto abrir un expediente que podría derivar, incluso, en la expulsión.
Todo eso ocurrió hace unos meses y a tenor de los resultados conocidos, la burocracia en Esquerda Unida todavía sigue en los tiempos previos a Max Weber porque algo que entonces se consideraba urgente sigue durmiendo el sueño de los justos.
Después de varios meses con un motín a bordo no hay ni asamblea, ni expediente, ni disolución de la agrupación para crear otra sin los díscolos, ni visos de que se vaya a mover una paja. A este paso, será mucho más sencillo dar de baja el móvil y la operadora de televisión con el contrato de permanencia en vigor que normalizar la vida política en el grupo municipal de Esquerda Unida de Vilagarcía.