“¡Cuidado!”

El sentimiento de euforia que recorre Europa por el triunfo de Emmanuel Macron

El sentimiento de euforia que recorre Europa por el triunfo de Emmanuel Macron puede hacer que los árboles no nos dejen ver el bosque.
Y es que primero fue Alexander Van der Bellen en Austria, luego Mark Rutter en Holanda, ahora Emmanuel Macron en Francia quienes han puesto freno al auge del populismo. Sí, podría parecer que es así y que por tanto no tenemos nada que temer.
Pero lo cierto es que hace unos meses Austria, y por tanto el resto de Europa, contuvo la respiración ante el duelo entre el candidato progresista a la presidencia del país Van der Bellen frente al candidato populista Norbert Hofer. Y lo mismo ha sucedido recientemente en Holanda donde el conservador Mark Rutter venció al xenófobo Geer Wilders. Y el domingo Emmanuel Macron se hacía con la presidencia de la Republica frente a Marine Le Pen.
Pero a pesar de que por ahora los partidos populistas y xenófobos no logren ganar elecciones lo cierto es que están ahí, y que su fuerza es cada vez mayor. En Grecia Amanecer Dorado se ha convertido en una fuerza con peso parlamentario.
En Alemania Alternativa para Alemania, de cariz xenófobo, cada vez toma más fuerza y representación en los lander. Y ahora Marine Le Pen que, aunque derrotada, cuenta con once millones de votos, o sea el treinta y cinco por ciento del electorado francés.
De manera que vamos ganando batallas pero aún no hemos ganado la definitiva que es volver a desterrar de Europa la xenofobia y los populismos engañosos que pueden devolvernos a las épocas más oscuras de la Historia europea.
Por eso es más necesario que nunca que los dirigentes políticos que comparten los valores que han hecho posible la Europa que conocemos, la Europa de la libertad, de la democracia, del bienestar, de las oportunidades, vuelvan a pisar el suelo, a escuchar a los ciudadanos que viven angustiados no solo por las consecuencias de la crisis económica que hemos padecido sino por algunas de las consecuencias de la globalización.
Los dirigentes de los partidos que hicieron posible nuestra Europa, la que ha dado lugar a la Unión Europea, tienen que volver a palpar la realidad y a ofrecer respuestas a los problemas de los ciudadanos. Si no lo hacen, si simplemente se conforman con haber ganado una batalla a las fuerzas populistas, puede que entonces la siguiente la pierdan, es decir nos la hagan perder.
Bruselas no puede seguir siendo la madrastra que impone planes de austeridad que castigan a los países más pobres y tienen consecuencias devastadoras para sus ciudadanos.
El proyecto de Europa no puede ser otro que el que la economía esté al servicio de los ciudadanos y no los ciudadanos al servicio de los poderes económicos. Ese es el reto.