sábado 5/12/20

El azote de la delincuencia que se hizo un hueco en la sociedad ribeirense

El policía nacional Ignacio Fernández cambiará su destino en la comisaría de Ribeira, donde trabajó en los últimos once años y medio en su unidad científica con importantes logros, por la de Avilés. De la capital barbanzana se lleva muy buenos recuerdos.
Ignacio Fernández ha disfrutado mucho de los parajes de Ribeira y entorno | CHECHU
Ignacio Fernández ha disfrutado mucho de los parajes de Ribeira y entorno | CHECHU

Ignacio Fernández Sánchez, “Nacho”, es un policía nacional especializado en investigaciones científicas que llegó en marzo de 2009 a Ribeira procedente de las Islas Canarias junto a su mujer, Mari Herves, y su hija Paula. Es asturiano de nacimiento y gallego de adopción, y aunque al llegar a la capital barbanzana se encontró una ciudad aparentemente “bastante cerrada”, pronto se integró en ella, estableciendo unos vínculos muy cercanos con mucha gentes y a diferentes niveles, participando muy activamente en la vida social de la ciudad, por lo que se siente un ribeirense más. Vivieron dos años en el Malecón, luego estuvieron cinco años en un par de urbanizaciones de Cubeliños y los últimos cuatro los pasaron en la Praza de España. “Al cambiar de residencia hace que te relaciones con los vecinos de diferentes zonas”, dijo.

Casi once años y medio después le llega su traslado profesional a Avilés, algo que le ilusiona, sabe que va a echar de menos Ribeira, su entorno y sus gentes. De hecho, ya los está añorando tanto que le está costando despedirse. La vida de su hijo pequeño, Dani, la hizo completamente en Ribeira y, “aunque parece que no, te marca mucho y los críos te unen mucho a la gente”, reconoce Nacho, quien añade que las actividades se mueven alrededor de sus hijos, en el colegio y las amistades que forjan allí, y las que realizan en el tiempo libre, como fue en los últimos años con la práctica de baloncesto en Porto do Son y en el CEIP O Grupo de Ribeira, pero también antes con modalidades como patinaje, natación y vela.

En su caso, poco después de llegar se introdujo en las actividades propia de Ribeira, y como al venir de Canarias necesitaba un poco de vela fue por lo que empezó a practicar la navegación en dorna y yendo a las regatas que, reconoce, “me llenó mucho”, pero también resultaba fácil verle montado en una bicicleta recorriendo la comarca y últimamente sucedía lo mismo con el pádel. Luego está la labor profesional que realizan tanto él como su mujer, que también les marcó mucho. “Al ser unidades muy pequeñas, participas muy intensamente en todo. Por el grupo en el que estoy voy directamente al sarao, a las casas, la zona rural la disfrutamos mucho. Y, sorprendentemente, se acaba conociendo a todo el mundo, porque hemos estado en casa de uno por un problema directo o indirecto o hemos participado en hechos que no son agradables, pero en los que estamos cerca de la gente”, destacó, para seguidamente añadir que “el trabajo de la unidad científica se realiza detrás de los biombos para fundamentar el que hacen otros compañeros, para fundamentar pruebas, y no es de cara a la galería”.

Tragedia de Angrois

Le influyó mucho la tragedia ferroviaria del Alvia en Angrois, a donde se desplazó voluntariamente junto a su compañero de unidad Ricardo, para participar en la identificación de cadáveres en el Multiusos Fontes do Sar, y que les valió el ingreso en la orden del mérito policial, en la modalidad de Cruz al Mérito Policial con Distintivo Blanco. Nacho recibió en Madrid la medalla de bronce con distintivo rojo al mérito civil por los dos rescates que, estando fuera de servicio, realizó en la playa de O Vilar, donde disfrutaba con su familia de dos calurosas tardes de junio 2015 y julio de 2016. Pese a todo eso, Nacho no se ha dedicado al ascenso personal, pero tampoco es algo que le quita el sueño.

“El mejor recuerdo que tengo es todo. Es una década de mi vida”, afirma Nacho, que asegura que le encanta el clima y la calidad de vida de Ribeira, “que me dio la proximidad del trabajo o del colegio, así como de ir a la compra, pudiendo ir andando. Debería de apreciarse lo sano que es vivir así”. En lo profesional, dentro del inconveniente que pueda ser una comisaría pequeña, de tener que hacerlo todo, destaca la libertad de trabajo, “y, ojo, que Ribeira es uno de los puntos de la provincia de A Coruña que, sin duda ninguna, por población tiene más variedad delincuencial”. Señala que hicieron muchas cosas en el grupo de Científica, de las que se siente muy orgulloso, y prueba de ello es que el armario de archivo repleto de legajos que han ido sumando entre él y sus otros dos compañeros, cuando hasta entonces era anecdótica su existencia..

Aunque Nacho Fernández no es muy dado a las cifras, este periódico le recordó que el año pasado la unidad científica de la comisaría ribeirense llegó a identificar a 43 autores de delitos. Lo que si destaca él es que los métodos y la efectividad cambiaron y el laboratorio funciona, y “todo eso unido a la implicación personal que pusimos da esos resultados, en gratitud a la gente, y me voy dejando Ribeira superlimpio. De eso soy consciente yo y el sistema judicial lo sabe”, manifestó.

Durante estos once años y medio participó en investigaciones como la muerte del joven Fernando Paz Vázquez, “Ferkins” tras recibir una brutal agresión el 20 de enero de 2011, o el atraco a la gasolinera de Salmón del 19 de enero de 2019. En el primero de los casos considera que cree que “teníamos que habernos mojado más y decir son ellos”, pues además de las imágenes en las que había cuatro individuos a los que había identificado juntos previamente. Pero, advierte que “en un sistema legal español demasiado garantista aunque era blanco y en botella, no tenía porque ser leche”. Añade que tuvieron asuntos que resolvieron por pisadas y otogramas en robos en domicilios, e hicieron mucho con ADN. “Son metodologías que pocos trabajan y en Madrid nos conocen por ello”, dijo. Además, destaca la buena colaboración de la ciudadanía. l

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