Reportaje | “El Portugués” deja Ribeira por la llama del amor

Eulali y Paulo retomaron la historia que empezaron a escribir juntos hace cinco años

Paulo Rocha, “El Portugués”, arribó a Ribeira en la penúltima singladura dorneira y desde entonces ha pasado algo más de un año en la ciudad, ejerciendo la mendicidad para sobrevivir, con continuas caídas

Paulo Rocha, “El Portugués”, arribó a Ribeira en la penúltima singladura dorneira y desde entonces ha pasado algo más de un año en la ciudad, ejerciendo la mendicidad para sobrevivir, con continuas caídas en uno de los grandes males del siglo, como es la droga. Su pasado no muy lejano llamó a su puerta y decidió ir con la persona que por unas horas formó parte de esa vida. Se llama Eulali, una profesora de instituto en el País Vasco que vino con su furgoneta formando parte del equipo de animación de la feria Artemar, en la que se hizo de cuentacuentos, y ella y Paulo han retomado la historia que empezaron a escribir juntos hace mañana un lustro, pero que se vio interrumpida.
“O Portugués” decidió irse de la capital barbanzana para avivar la llama de la ilusión y, quien le dice que no si las cosas le van bien, la del amor. El cuento de esta pareja comenzó el 3 de septiembre de 2013. Eulali no pasaba por su mejor momento personal y ese día falleció su tía, a la que consideraba como su madre. Estaba junto a otras personas cerca de la playa de Sopelana y recuerda que su ahora exmarido se marchó de su lado y fue a bañarse, sin regresar durante dos horas. Era un momento en el que estaba muy afectada y precisaba de un hombro en el que apoyarse. Y ahí apareció Paulo, que estuvo con ellas para darle ánimos y escucharla. Fue un gesto que la reconfortó.
Eulali se fue al entierro de su tía y al regresar no volvió a ver a “O Portugués” hasta el pasado 16 de agosto, aunque más bien fue él quien la vio a ella. Acababa de llegar a Ribeira y aparcó su furgoneta y, nada más dar cuatro pasos, él la reconoció al pasar por delante de la tienda de telefonía global Hola Mobi y la abrazó. Ella le preguntó por lo que le pasó para acabar así. Él le contó lo dura que ha sido su vida desde entonces y ella quedó en shock y se fue llorando. Estaba muy agradecida por lo que él había hecho por ella hace cinco años, por lo que al día siguiente lo buscó pero no lo vio. El sábado lo volvió a intentar y tuvo más suerte. Eulali le dijo que tenía que marchar de Ribeira, pues la droga estaba acabando con él, y Paulo le dijo que quería salir, hacer un viaje. Ella se ofreció para llevarlo, pero sus amigos le recomendaron que ni se le ocurriera, por lo que volvió a su Bilbao sin él.
Pero, Eulali seguía pensando en que quería ayudarle, pues vio en él muchas ganas de salir adelante, y trató de saber de Paulo a través de una chica de Ribeira, pero no le contestó a su mensaje. Por ello, contactó con Hola Mobi y le envió una transferencia de 30 euros para comprar un teléfono móvil y que se lo entregasen a Paulo para contactar con él. El pasado miércoles se lo dieron y desde entonces hablaron hasta cinco veces al día para interesarse por él y convencerle de que lo mejor era que se marchase de Ribeira.
Ese mismo día, él se fue a Padrón y cogió un tren a Santiago. Al llegar a la capital gallega trató de subirse con su inseparable perro en el ferrocarril hasta Bilbao, pero le dijeron que no podía, que para eso debía ir hasta Ferrol. Eulali se enteró de eso y “mi corazón me dijo que fuese a por él”, por lo que no lo dudó más y a las tres de la madrugada se subió a su coche y tomo dirección hacia Compostela, en donde pasaron junto algunas horas hasta emprender el viaje de regreso a tierra vascas. “No me podía quedar de brazos cruzados, máxime después de lo que hizo él por mi”, precisó ella, quien se marcó como gran objetivo el de “arreglarle los dientes”, una vez que ha conseguido mejorar su aspecto..
Eulali hace un llamamiento a la gente para que colaboren en la medida de sus posibilidades para arreglarle la dentadura, y si hay algún dentista que se ofrezca a ayudarle le estará muy agradecida, pues ella no puede afrontar ese gasto en estos momentos. Añadió que de conseguirlo se le ayudará a verle bien, para luego involucrarlo con su hija de 10 años. Eulali, que le ha buscado donde comer y trata de encontrarle un techo bajo el que dormir, le regaló ropa y un tambor que sustituya a los dos bongos que tuvo -uno de cerámica y otro de tela- que se le rompieron o deterioraron, mientras que él nada más juntarse le regaló una de las llaves que colgaban de su cuello, diciéndole que es la llave de su corazón, pero ella por ahora no quiere volcarse emocionalmente. El tiempo lo dirá. Por ahora, en Ribeira le echan de menos algunos vecinos a los ya no da los buenos días o ayuda a subir escaleras, pero Eulali cibsucera que “volver allí le haría mucho mal”. l