domingo 08.12.2019

Manuel Gallego Jorreto recibe el prestigioso Premio Nacional de Arquitectura

El galardonado sostiene que su prolífica obra es “una manifestación inconsciente de lo que es uno”

Gallego Jorreto ha sido protagonista de muchas exposiciones | patricia g. fraga
Gallego Jorreto ha sido protagonista de muchas exposiciones | patricia g. fraga

Manuel Gallego Jorreto revalidó ayer un título al volver a ser reconocido con el Premio Nacional de Arquitectura, que ya había sido suyo en el año 1997. El arquitecto de O Carballiño pero afincado en A Coruña, donde tiene un despacho al que no para de llegar trabajo y no dejan de salir ideas, se encontró con la sorpresa casi al mismo tiempo que la prensa y aseguró estar “contento” por recibir un premio tan prestigioso.  


El ideólogo de edificaciones como el Museo de Bellas Artes de A Coruña y el mercado de Santa Lucía en la ciudad y del Complejo  Presidencial de Galicia –ubicado en Santiago–, entre otras muchas, reconoce que después de recibir el reconocimiento allá por 1997, esta nueva mención le coge con una pizca de “excepticismo” que da la edad pero con la felicidad que supone recibir un galargón “muy prestigioso”. 


“No me lo esperaba, me llamaron esta mañana del Ministerio”, confesaba ayer Gallego Jorreto en su despacho, en el que no había tregua con los teléfonos y las felicitaciones. El profesional duda de que este premio que reconoce su dilatada trayectoria y, como señala el Gobierno central, “una arquitectura comprometida con su Galicia natal y caracterizada por un diálogo honesto entre los materiales tradicionales, los oficios y la modernidad”, vaya a multiplicar los encargos. No obstante, en los últimos años tareas que abordar no le faltan. 


“Estoy completando un proyecto complejo en la Illa de Arousa, en donde rehabilitamos tres antiguas viviendas de conserveros para edificios socioculturales; también terminando de rehabilitar un pazo en la provincia de Ourense y preparando unos proyectos para mi pueblo natal”, enumera el premiado. 


Con un nuevo respaldo a su carrera, prefiere no elegir uno de sus trabajos como favorito. “Hay obras en las que lo que veo es lo que no hice, en otras me acuerdo de ideas que pueden desarrollarse más, en otras lo que me sugieren y otras lo que no pudo ser pero la obra se acaba y no se mira para atrás nunca”, sostiene, porque hay que pasar página. 
No detecta demasiada evolución en su estilo porque cree en él a medias y no es en lo que se fija cuando mira un proyecto antiguo: “No creo en el estilo nada más que como una manifestación de lo que uno es”.

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