Sábado 16.02.2019

Los palíndromos, “píldoras de felicidad” para los adultos

El director argentino Tomás Lipgot estrena un documental, rodado en un 80% en España, en el que ahonda en estos juegos lingüísticos y en el que descubre a una comunidad que incluso cuenta con revistas propias.

Nunca un lápiz y un papel hicieron tan feliz a un adulto como a los miembros de un club internacional de palindromistas. Así lo muestra “¡Viva el palíndromo!”, documental hispanoargentino que con humor y literatura ahonda en este pasatiempo o “píldora de felicidad” que llega a resultar adictiva.

“¡Arriba la birra!”, “Yo dono rosas, oro no doy”, “¡Sa! Maradona no dará más” o “Desearte me trae sed”, son algunos de los palíndromos que divierten al espectador de esta película, donde a través de entrevistas a aficionados se trata de resolver el mundo “oculto” que encierran las frases, que se leen del mismo modo desde el principio y desde el final.

La intención del largometraje no es otra que “despertar el bichito del palindromismo” y convocar a nuevos seguidores de este curioso pasatiempo, asegura el director argentino del documental, Tomás Lipgot, quien reconoce entre risas que esta afición es una “enfermedad” que él también padeció.

La producción, realizada por la productora argentina Duermevela y la catalana Aved, se rodó en un 80% en España, donde residen la mayoría de los miembros del club, pero también en Argentina, Francia y Alemania.

El objetivo de la producción se alcanzó un mes después del estreno del documental, el pasado noviembre, cuando el número de participantes del club, que funciona principalmente a través de internet, con gente de varios países, pasó de 50 a más de 60.

“Yo ni sabía qué era un palíndromo”, admite el cineasta, tras asegurar que hace ocho años comenzó a “vomitar” estas rigurosas composiciones cuando su esposa le regaló el libro “Karcino”, del escritor Juan Filloy.

Como el cineasta sentía “casi vergüenza” por desvelar de manera pública este nuevo pasatiempo tan poco común, averiguó a través de internet la existencia de un club de “frikis” que tenía hasta una revista propia, “Semagames”. Cómo no, con un nombre palindrómico.

“La película fue la excusa para conocerlos en persona”, bromea Lipgot y asegura que “tenía un poco de temor de que fueran unos frikis indomables” pero que, por el contrario, se encontró con personas “increíbles” con una “calidez humana fuera de lo común”.

El documentalista sospecha que la afición que tienen en el club, cuyo único encuentro presencial es un congreso anual en España, debe tener un “efecto” en sus formas ser, porque que un adulto juegue es un “hecho revolucionario”.

Entre las curiosidades que recoge el documental sobre este “mundo oculto” que esconden las palabras, Lipgot se somete en Barcelona a una resonancia magnética “no muy agradable”, para analizar qué partes del cerebro estimula esta actividad.

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