Domingo 16.06.2019

Empujones para conseguir el mejor selfi con Ramsés II

el sol iluminó ayer el rostro del faraón Ramsés II en el interior del templo de Abu Simbel, un fenómeno que ocurre dos veces por año, en las celebraciones del cincuenta aniversario del traslado pieza por pieza de este colosal monumento egipcio.

Turistas visitan el templo de Abu Simbel, a unos 300 kilómetros al sur de Aswan, en Egipto | STRINGER (efe)
Turistas visitan el templo de Abu Simbel, a unos 300 kilómetros al sur de Aswan, en Egipto | STRINGER (efe)


Cientos de turistas llegados a Egipto procedentes de todo el mundo madrugaron o no durmieron para poder ver cómo el sol penetraba ayer al amanecer en el templo de Abu Simbel e iluminaba la cara de Ramsés II... y sacarse una foto con el faraón tres milenios después de su reinado. Desde China, Nueva Zelanda, Canadá o España turistas y curiosos desembarcaron en la pequeña localidad de Abu Simbel, en el extremo sur de Egipto, para presenciar un fenómeno que solo pasa dos veces al año, el 22 de octubre y el 22 de febrero, fechas que a los egiptólogos les gusta creer que coinciden con el cumpleaños y la coronación del faraón. “Tuvimos la oportunidad de venir hasta aquí, nos dijeron que iba a ser un día especial ¡pero no pensaba que iba a ser tan especial!”, asegura Mikel, un estadounidense que navegó por el río Nilo hasta Asuán y luego recorrió en autobús los cerca de 300 kilómetros que separan esta ciudad de Abu Simbel.
El templo de Abu Simbel es conocido no solo por su majestuosidad y buena conservación, sino por la inmensa obra de ingeniería que supuso su desmontaje y traslado para evitar que quedara sumergido en las aguas del lago Naser tras la construcción de la presa de Asuán, en una exitosa campaña liderada por la Unesco hace 50 años. Después de su mudanza, Ramsés II recibe los rayos del sol un día después que en su emplazamiento original, pero los expertos consiguieron reproducir este milagro de la ingeniería faraónica que sigue asombrando en el siglo XXI. “Todo lo que hizo Ramsés II era espectacular, con las dimensiones más grandes”, explicó el egiptólogo Nigel Hetherington.
“Evidentemente su propaganda funcionó bien, porque todavía nos acordamos de él”, agrega sobre este faraón que estuvo en el poder setenta años y buscaba ser venerado y pasar a la posteridad. Al igual que Mikel, muchos sufrieron horas de carretera y espera a las puertas para entrar al templo, tomado por la policía militar en esta ocasión especial para evitar altercados, aunque los uniformados no pudieron controlar el furor y el deseo de tomar la instantánea perfecta y muchos hasta un selfi con Ramsés II.
En torno a las 6.00 de la mañana (4.00 GMT), en medio de la expectación y el murmullo, el sol se asomó finalmente desde el lago Naser y la luz reptó los sesenta metros que hay hasta el pequeño nicho en que la efigie de Ramsés II, sentado junto a tres dioses, y que permanece todo el año en penumbras. l

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