Domingo 17.02.2019

Las islas Goto, el escondite de los cristianos de Japón

Perseguidos, torturados y asesinados, los “kakure kirishitan” o cristianos ocultos de Japón encontraron una salida a su fe en las remotas islas Goto del sur, moteadas hoy con particulares iglesias convertidas en Patrimonio de la Humanidad.

La iglesia de Egami, en las islas Goto de Japón | maría roldán (efe)
La iglesia de Egami, en las islas Goto de Japón | maría roldán (efe)

Este archipiélago situado en una de las zonas más occidentales del país asiático está constituido por 63 islas, solo once habitadas, y supusieron un importante refugio para la comunidad cristiana de Japón, brutalmente perseguida entre los siglos XVII y XIX por los “shogunes”, los caudillos militares al frente del Gobierno japonés.
Sus pobladores, de los que actualmente entorno a un 15% son cristianos, llegaron en muchos casos desde la ciudad de Sotome, a unos 40 kilómetros de Nagasaki, donde muchos creyentes practicaban su fe en secreto mientras simulaban integrarse en las comunidades sintoístas y budistas de la época. Un vestigio de estas prácticas es el santuario de Tsuji, una construcción sintoísta en las que se veneraba en secreto una estatua que representa al misionero San Ignacio de Loyola (Inassho-sama), hoy custodiada en un museo local.
Estos “cristianos ocultos” escogieron concienzudamente sus lugares de migración para no ser descubiertos, explicaba Yohei Kawaguchi, subdirector de la División de Patrimonio Mundial del Gobierno de Nagasaki, en una reciente gira de prensa. “Se sabe que hubo más de 200 emplazamientos, pero no conocemos cuántos exactamente”, dice Kawaguchi, quien explica hay una investigación en curso al respecto.
La iglesia de Egami, situada en la selvática isla de Naru, de 25 kilómetros cuadrados, es uno de los legados de los descendientes de estos devotos cristianos que durante más de 250 años practicaron su fe en la clandestinidad para evitar el martirio, y es uno de los doce emplazamientos listados en junio como patrimonio de la Unesco. Construida en madera y con elementos de bambú, la estructura se alza a unos centímetros del suelo, una particularidad única pensada para adecuarse al clima local húmedo, explica Yukinori Kuzushima, uno de los dos encargados de su mantenimiento.
La iglesia fue construida en 1918, décadas después de que en 1873 se levantara el veto al cristianismo vigente en Japón desde 1614, que llevó a la persecución y asesinato de miles de creyentes.
Como la mayoría de los pobladores de las islas, Kuzushima es pescador y confía en que la inclusión de Egami en los “Lugares de cristianos ocultos en la región de Nagasaki” impulsen la economía del lugar.
Los efectos ya han empezado a notarse y entre julio y septiembre, justo después de la inclusión, las visitas a la iglesia de Egami se triplicaron, según datos facilitados por el Gobierno local. l

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