La procesión de ataúdes en Santa Marta de Ribarteme

 

Ea romería gallega más ancestral, la de Santa Marta de Ribarteme, en el municipio pontevedrés de As Neves se celebró ayer.

 

a romería gallega más ancestral, la de Santa Marta de Ribarteme, en el municipio pontevedrés de As Neves se celebró ayer. En ella, un grupo de penitentes fueron porteados dentro de ataúdes en agradecimiento a la hermana de Lázaro, protectora de los desahuciados, tras superar un duro trance en sus vidas.
Esta romería, de la que hay referencias escritas que datan de 1700, aunque varias teorías remontan sus orígenes a la Edad Media, atrae cada año a cientos de fieles de la santa y a otros tantos curiosos, si no más. Y es que tiene mucho tirón que el diario británico The Guardian la considere desde hace años como una de las festividades más raras del mundo. 
En ella, los penitentes se someten al trance de ir en féretros y amortajados para agradecerle a la santa su intercesión para que ellos, sus familiares o allegados se recuperasen de graves enfermedades. En el caso de los niños, los féretros, de color blanco, suelen ir vacíos.
Porteadores y familiares se encargan del avituallamiento, principalmente líquido, de los “ofrecidos” o “muertos-vivos” durante el recorrido desde la iglesia de Santa Marta hasta el cementerio y vuelta al punto de partida. El sonido de las campanas, acompasadas con las bombas de palenque y un cántico repetitivo (”Virgen de Santa Marta, reina de la gloria, todo el que se te ofrece sale con victoria”, y “Virgen de Santa Marta, estrella del norte, te traemos a los que vieron la muerte”) dan mayor solemnidad a la comitiva. 
Algunos de sus integrantes visten una especie de mortaja hecha de tul y portan un bastón y una vela, que bien traen de casa o la adquieren en los múltiples puestos con cirios de todos los tamaños y exvotos instalados en los alrededores de la parroquia. Pero Santa Marta es el centro de la celebración. Traspasada la puerta del templo, la imagen de Santa Marta, porteada a hombros de los romeros devotos, se convierte en el eje de la procesión. En torno a ella se arremolinan romeros y devotos que pugnan por portearla y depositar sus donativos. Para gloria de la misma, franquean sus espaldas los tríos de romeros cantores, que entonan estrofas que “glosan los poderes” o agradecen los favores de esta Santa. Les siguen además las bandas, que añaden música sacra a un escenario mágico. 
La de Santa Marta de Ribarteme no es la única celebración religiosa de Galicia donde la muerte, o más bien la resurrección, es la protagonista. En Moraña, a la romería de los Milagros de Amil acuden devotos de rodillas, con cadenas e incluso en ataúdes, y en A Pobra do Caramiñal, en la provincia de A Coruña, los fieles que han hecho sus promesas cargan sus propios féretros en la procesión de las mortajas, en el marco de las fiestas del Nazareno. l