martes 29/9/20

Las historias personales detrás de la tragedia

Se llaman Laura, Chema, Enrique... Todos ellos tienen nombre y apellidos y pese a engrosar la lista de víctimas mortales del trágico accidente ferroviario de Santiago son mucho más que una cifra.

                          familiares y amigos, rotos por el dolor, ante la desaparición de sus allegados en el accidente ferroviario de santiago	efe
familiares y amigos, rotos por el dolor, ante la desaparición de sus allegados en el accidente ferroviario de santiago efe

Se llaman Laura, Chema, Enrique... Todos ellos tienen nombre y apellidos y pese a engrosar la lista de víctimas mortales del trágico accidente ferroviario de Santiago son mucho más que una cifra. Son personas con una historia detrás. Dejan seres queridos, que lloran su pérdida, y muchos sueños por cumplir.

“Laura era buena y dulce. Una pena, 23 años”. Prefiere no dar su nombre, pero sí proporciona el de esta joven de 23 años, novia de su hijo desde hace cuatro, originaria de Pontevedra y que viajaba en el Alvia siniestrado, de vuelta a su adorada Galicia, tras culminar en Madrid su proyecto de fin de máster.

Rota por el dolor, recuerda que su sobrino la llamó y le preguntó si su hijo estaba en Santiago. Ella contestó que sí, entonces el chico prosiguió: “Pues hubo un atentado. No, un accidente de tren”. Entonces, comunicó con su hijo. Estaba bien. Pero lo que le contó a continuación hizo que saltasen todas las alarmas: en ese convoy iba Laura.

“Yo no lo sabía. Sabía que venía a finales de mes pero no cuándo. A partir de ahí ya no sé qué me dijo, yo ya no me acuerdo. Quise ir, pero mi hijo me dijo, no vengas, estos es un caos”.

No habló con los padres de la muchacha. Llamó a los teléfonos habilitados para consultar. Puso las noticias. Escuchó exceso de velocidad y por su mente rondó un pensamiento. Si eso es cierto, “cuántos chavalitos, cuánta gente se quedó ahí”.

De la pareja de su hijo no alberga esperanzas de encontrarla. “Si no está entre los supervivientes, supongo que estará entre la gente fallecida, ¿no? Era muy buena, muy dulce”.

Como Laura, hasta 80 personas más. 80 historias personales que no deben perderse en cifras.

sin noticias de él

José María Romeral Escribano era vicario de la Iglesia de Santa Teresa de Colmenar Viejo, y también viajaba en el Alvia.

Romeral Escribano tenía 67 años, estaba de vacaciones y, por ahora no hay noticias de él, según declaran fuentes de la Iglesia de Santa Teresa.

“Se había ido de vacaciones; sabemos el tren en el que iba, y hemos pensado le ha tocado a él”, agregan, mientras explican que, como no tienen “noticias concretas”, la familia del vicario se ha desplazado a Santiago.

Pilar Quiles tiene el corazón negro. El párroco Romeral Escribano, para ella “Chema”, es su párroco y amigo.

Esta mujer ha hecho de la gestión de esta tragedia su misión en la vida y, como ella, el resto de feligreses que la llaman con insistencia. Su celular echa humo.

Pilar estaba pasando unos días en Mugardos, exultante hasta que en su teléfono móvil recibió una alarmante comunicación con un mal augurio: descarrila un tren en las inmediaciones de la capital gallega y no hay cifras oficiales de víctimas.

Ella sabía que en ese convoy viajaba este religioso, de 65 años. Se lo había contado previamente. Chema, como lo llama su parroquia, tenía intención de reunirse en Galicia con un sacerdote amigo suyo.

Erasmus

Celtia Cabido, una joven de Xunqueira de Ambía, que viajaba a Santiago junto a una prima para ver a unos amigos. Este lunes Celtia cumpliría 23 años y viajaba a la capital gallega junto a su prima, Eva Pérez, de 25, para ver a unos amigos que había conocido durante un Erasmus en Polonia, coincidiendo con la celebración de las fiestas del Apóstol.

Las dos jóvenes se habían subido al tren en Ourense, con destino a Santiago de Compostela, cuando ocurrió el trágico suceso.

Planes de futuro

Entre sus planes inmediatos, Celtia tenía previsto viajar a Londres este verano.

Por su parte, Eva se había inscrito en un campo de trabajo en Italia para agosto, y su estado de salud es desconocido.

Una tercera ourensana, Marta Besada, jugadora de fútbol de la UD Barbadás, informó a través de las redes sociales de la muerte de su hermana Carolina. En su perfil de Twitter, esta joven pedía anteriormente la colaboración ciudadana a fin de conocer el paradero de su hermana.

Un amigo

Hay otras víctimas que sí son conocidas para el gran público. Es el caso del periodista Enrique Beotas, a quien ayer recordaba el ministro de Educación, Jose Ignacio Wert, como un amigo.

Otros no son tan conocidos. Pero también lloran por ellos.  Elena Ausina, guardia civil coruñesa de 32 años y natural de Salto de Porto de Mouros, una pedanía de Arzúa destinada en Yunquera de Henares (Guadalajara); Marta Jiménez Camacho, una joven de 30 años de edad de Valdepeñas (Ciudad Real), y a Luis Miguel Rodríguez Vallejo, un hombre de 44 años de Talavera de la Reina. Son otros tres nombres detrás de las cifras.

Estudiantes

También entre los fallecidos se encuentran un joven extremeño y su novia gallega, ambos de 21 años y estudiantes de tercer curso de Medicina de la Universidad de Lleida, así como la alta funcionaria de la República Dominicana, Rosalina Ynoa, que quería dar una sorpresa a su hermana visitándola en Santiago.

Otros no eran conocidos, pero sí sus allegados. Juan Domínguez, centrocampista del Deportivo, perdió a dos familiares. Mientras que un tío y un primo del concejal de Seguridad del Ayuntamiento ciudadrealeño, Guillermo Arroyo, perdieron la vida en el fatal accidente.

Aún faltan muchos por identificar, pero todos tienen una historia detrás, una historia que sus allegados no permitirán que desvanezca.

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