sábado 22.02.2020

Marine Le Pen y el Frente Nacional aspiran a hacer historia en Francia

Cuando en 2011 Marine Le Pen tomó las riendas del Frente Nacional seguramente que no imaginaba que un día podría estar tan cerca de ser la primera presidenta de Francia.

Un grupo de estudiantes protesta en París contra los dos candidatos a la Presidencia de Francia | Gonzalo Fuentes (reuters)
Un grupo de estudiantes protesta en París contra los dos candidatos a la Presidencia de Francia | Gonzalo Fuentes (reuters)

Cuando en 2011 Marine Le Pen tomó las riendas del Frente Nacional seguramente que no imaginaba que un día podría estar tan cerca de ser la primera presidenta de Francia. Aunque durante el último año ha estado acariciando el Elíseo con la punta de los dedos, con todas las encuestas a su favor, finalmente quedó segunda en la primera vuelta y los sondeos auguran que hoy repetirá puesto.

Sin embargo, la eurodiputada aún aspira a dar la campanada, seguramente alentada por las malas predicciones que hicieron las encuestas del referéndum sobre el Brexit y las elecciones presidenciales en Estados Unidos. Pero en Francia, los sondeos clavaron prácticamente el histórico resultado de la primera vuelta del 23 de abril. La mejor baza que tiene Le Pen es la abstención. Es algo que sabe bien su rival de hoy, Emmanuel Macron, pero también la gran mayoría de los candidatos de la primera vuelta, quienes salieron en tromba a apoyarle de cara al segundo asalto. Desde el Partido Socialista, con el presidente François Hollande a la cabeza, y también desde Los Republicanos, se ha apelado a evitar que la ultraderecha llegue al Elíseo y sobre todo a que los ciudadanos no se queden en casa.

La reedición del frente republicano, que ya privó a su padre y fundador del Frente Nacional, Jean-Marie Le Pen, de una victoria tras su sorprendente paso a segunda vuelta en las presidenciales de 2002, no ha hecho amedrentarse a la candidata en estas dos semanas, durante las que ha aprovechado para presentarse como la “candidata del pueblo”.

Continuación de Hollande

Asimismo, tanto ella como los dirigentes de su partid se han esforzado en hacer ver que Macron no es sino la continuación de Hollande, puesto que fue su ministro, y por tanto su elección no supondría una ruptura con el establishment, y en recordar su paso por el banco Rothschield para hacer ver que es el candidato del mundo de las finanzas.

El Frente Nacional apela así a una parte del electorado descontenta con los partidos tradicionales –que por primera vez han quedado fuera de la segunda vuelta desde 1958– que se ha visto atraída en los últimos años por sus propuestas, pero también por las del izquierdista Jean-Luc Mélenchon, quien quedó cuarto en primera vuelta.

Aunque este no ha dado consigna de voto, sí ha dicho que hay que evitar que Le Pen gane, pero los militantes de Francia Insumisa se han mostrado más partidarios de abstenerse o votar en blanco que de hacerlo por Macron. Un sentir que comparten otros franceses que votaron por el resto de candidatos en primera vuelta y que ven en esta elección que les obligan a elegir entre “la peste y el cólera”. Así pues, no es descartable una elevada abstención que perjudicaría a Macron, con unos potenciales electores mucho menos entregados a su causa que los de Le Pen, que cuenta con votantes a los que no les da miedo declarar por quién votan y mucho más comprometidos con depositar su papeleta.

Pero si los sondeos no se equivocan, Macron ganará hoy con alrededor del 60% de los votos, dejando a Le Pen en torno al 40%, un resultado que seguirá siendo histórico en cualquier caso y que batirá el récord que supusieron los más de 7,6 millones de votos que recibió en la primera vuelta.

Al margen de las presidenciales, sobre todo si gana, la gran prueba de fuego vendrá en junio con las legislativas. El sistema electoral a doble vuelta ha venido perjudicando históricamente al Frente Nacional, que en los pocos casos en que consigue colar a su candidato para la segunda ronda se topa con el frente republicano, que le hace perder. l

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