sábado 20.07.2019

Calamaro o el perfecto desconcierto

El argentino Andrés Calamaro, plato fuerte del PortAmérica, cerró el festival con un concierto que abarrotó A Carballeira y que se prolongó durante una hora y media durante la cual sonaron en el recinto caldense clásicos de su extensa, premiada y laureada trayectoria, tanto en solitario como con Los Rodríguez

Andrés Calamaro desplegó sobre el recinto de A Carballeira todo su arte, con noventa minutos de repaso por un repertorio inmortal | portamérica
Andrés Calamaro desplegó sobre el recinto de A Carballeira todo su arte, con noventa minutos de repaso por un repertorio inmortal | portamérica

Pueden los prejuicios hacer desvanecer la amistad más sincera o un gran concierto. Quienes el sábado esperaban al polemista de Twitter se encontraron en A Carballeira con un bonaarense que saludó a la patria gallega con la cercanía de quien ha visto ambas orillas unidas en demasiadas nostalgias; quienes aguardaban al divo, vieron aparecer sobre el escenario a un músico humilde, que se disculpó por un único error en la letra de la inmortal “Crímenes Perfectos”, tras casi hora y media de concierto; los que buscaban al personaje se encontraron con el Calamaro más generoso, el que cedió protagonismo a una banda de excepción con minutos de espectacular potencia sonora.

El Andrés más desconcertante también se dejó asomar por el escenario con un listado de efemérides por el que se colaron desde Frida Kahlo a Arnaldo Otegui. Y con versos. Versos a las ondas gallegas. Versos a Pontevedra, a Ferrol y a la última Bretaña: Galicia.

Pero fue la poesía de sus letras, de su música, la que subió a los cielos, la que hizo del desconcierto perfecto una cita inolvidable. Porque Andrés estuvo soberbio, sin matices. Y de nuevo se impuso a los prejuicios con la misma voz que a los veinte, con el entusiasmo intacto. Supo adaptarse a un público más dispuesto a saltar con el siempre resultón “Estadio Azteca” que a empaparse del lirismo desgarrador de “Tuyo siempre”. Y sobre todo, sobrevivió sin inmutarse, y casi se diría que sin percatarse, a la pataleta indie.

Amplio repertorio
Los que miden sus amores por canciones de Andrés disfrutaron en A Carballeira de un repaso imprescindible por su historia. Comenzó la noche con “Honestidad Brutal” y siguió con “Verdades Afiladas”, que puede ser lo mismo. Pero hubo tiempo para regresar a los noventa más primitivos, con “El Marinero y el Capitán”, “Mi enfermerdad” o “A los ojos”. Los Rodríguez no eclipsaron sin embargo al Calamaro más auténtico, que inflamó “el bosque”, como rebautizó al recinto caldense, con la amistad inquebrantable de “Los Chicos”.

Y todo ello antes de un bis que rescató a “Paloma” de su paracaídas y que volvió a sorprender. Andrés aún pidió perdón (“vida de mi vida”) por no poder cantar más. El cantor cerró y venció con “Flaca” . Si le clavaron los puñales o no, ya es otra historia. El verano del 97 aún puede volver.

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