viernes 10.07.2020

La Casa de Escudeiro: de los Alba al flechazo del británico Mackenzie

Las hermanas Lucha y María de los Milagros visitaron ayer la Casa de Escudeiro, en Meis, donde nacieron y se criaron. Querían conocer la reforma realizada por el Ayuntamiento de su antiguo hogar y descubrieron detalles muy curiosos de su historia  
Las hermanas Lucha y María de los Milagros con la alcaldesa y la concejala ante la vivienda, hoy centro social | j. luiz oubiña
Las hermanas Lucha y María de los Milagros con la alcaldesa y la concejala ante la vivienda, hoy centro social | j. luiz oubiña

“Aquí estaba el despacho de papá”, dice Jesusa María de Lourdes Escudeiro Rodríguez señalando un espacio hoy diáfano. El apelativo infantil resulta curioso porque Lucha, como todos la conocen, tiene 87 años, pero es que en ese momento se estaban desplegando ante sus ojos recuerdos de toda una vida. Estaba en la Casa de Escudeiro, la casa donde nació y se crió. Hoy es  un centro social en manos del Concello desde hace 17 años y que ayer visitó junto a su hermana María de los Milagros porque desde que la familia se la vendió no habían vuelto y no conocían la reforma. De hecho, ellas mismas contactaron con el Ayuntamiento para poder verla por dentro y la alcaldesa, Marta Giráldez, les hizo un tour.  

Colegio de niñas
Las hermanas reconocieron que les gusta “mucho” el resultado en el inmueble, que fue propiedad de la casa nobiliaria de Alba y que a principios del siglo XIX fue adquirida por su abuelo materno a un indiano meisino que hizo fortuna en Argentina. Dionisio Rodríguez, que así se llamaba, poseía una línea de autobús de Cambados a Santiago y “la fue arreglando poco a poco” porque vivía en la capital del albariño. Sus paredes han visto pasar a varias generaciones de Escudeiros, pero más allá de la vida familiar, es parte de la historia más reciente de Meis. De hecho, acogió el colegio de niñas hasta que se construyó el actual colegio. “Telefónica quería traer el teléfono y no había sitio para la central y en los bajos del Ayuntamiento estaba el colegio de los niños y las niñas, así que le pidieron a mi madre, que era maestra, si podían traerlo a casa”, recuerda la más pequeña, de 75 años. 

Y así, los grandes salones del bajo de la casa, con puerta independiente, acogieron los pupitres de muchas meisinas. En ocasiones, hasta 70 menores, pero “eran muy dóciles, no es lo de ahora”, añade Lucha, mientras su memoria olfativa parece buscar el olor del “estupendo” queso que preparaban en la cocina para la alumnas y que “mandaban los americanos –también leche en polvo–”, en unos años difíciles para el país. 

Primer contacto con Galicia
Pero también ha sido escenario de otros episodios destacados de la historia de Galicia. Pocos saben que el británico David Mackenzie, agente difusor de la lengua, la literatura y la cultura de Galicia y catedrático de Estudios Gallegos en el mundo anglófono, fallecido en 2016, se enamoró de esta tierra en Meis. La hermana pequeña cuenta que lo acogieron en su casa cuando tenía 17 años como parte de un programa de intercambio. “Recuerdo que aquello salió en la prensa  y todo”. El inmueble hasta ha tenido ocupas; el único episodio que las hermanas recordaban ayer con desagrado. “Fue dificilísimo echarlos”. 

Su padre era el secretario judicial y despachaba en la segunda planta, un espacio que hasta el año pasado no acogió actividad alguna –en los bajos se celebran actividades para mayores– y  que el gobierno local quiere habilitar como espacio para las bodas civiles porque “ten máis encanto que o salón de plenos e, de feito, estamos a buscar a antiga mesa de Alcaldía”, avanzó la regidora. Con todo, previamente tendrán que hacer algunas obras como una “importante actuación” para terminar con la polilla de las vigas. Aún se conservan las originales, como la barandilla, las escaleras... Pero muchas cosas han cambiado, ya no está la imagen del Santísimo que tenían en la zona de la loza, ni las paredes de sus habitaciones, pero aún así, los recuerdos de ambas hermanas permanecían muy vivos. 

Los “ricos callos” de Marucha
Aunque sus padres se retiraron a Pontevedra una vez jubilados,  la descendencia de sus siete vástagos siguió reuniéndose en la Casa Escudeiro durante muchos años. Aprovechaban los días de verano para degustar los callos “bien ricos” de Marucha da Queira bajo la parra y también de mariscos traídos por Sanxenxo, donde vive Lucha. Pero cuando la hermana que se encargaba de su mantenimiento falleció, se decidió su venta al Ayuntamiento, allá por 2004.

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