sábado 23/1/21

Desestiman la demanda por acoso presentada por una de las trabajadoras despedida de la Xerencia

El Juzgado de lo Social número 4 de Pontevedra desestimó la demanda por acoso presentada por una de los cuatro trabajadores despedidos el pasado año de la Xerencia de Urbanismo. 

La jueza considera en la sentencia que en la Xerencia se vive un ambiente de tensión laboral
La jueza considera en la sentencia que en la Xerencia se vive un ambiente de tensión laboral

El Juzgado de lo Social número 4 de Pontevedra desestimó la demanda por acoso presentada por una de los cuatro trabajadores despedidos el pasado año de la Xerencia de Urbanismo. La demandante, que ocupaba un puesto de auxiliar administrativo, pretendía conseguir la nulidad del despido y la condena a la Xerencia a su readmisión en iguales condiciones, así como al pago de los salarios de tramitación y a una indemnización de 30.000 euros.

La trabajadora sostuvo en el juicio que su despido fue la culminación de unos años de acoso en los que se vieron vulnerados sus derechos a la integridad física, moral y a la igualdad. También argumentó que el afán reivindicativo de sus derechos fue respondido por parte de la administración con el despido.

Sin embargo, esta joven no pudo demostrar en sede judicial estos hechos y la jueza los fue desmontando uno a uno. Lo que sí pudo constatar fue el “mal ambiente laboral” existente en la Xerencia.

Y es que la demandante situaba tanto a la alcaldesa como a sus propios compañeros en la Xerencia —alguna de ellas despedida el mismo día— como responsables del “mobbing” al que estaba sometida.

En cuanto a los actos “degradantes” cometidos por Catalina González contra la trabajadora, ésta refirió la denegación de dos ayudas económicas —una de 4.500 euros y otra de 240 euros— para la realización de un master en administración local y un postgrado en materia de medio ambiente, respectivamente. La juez, en cambio, da por buena la respuesta de la regidora municipal que entendía que no podía sufragarse con fondos públicos una formación que no se requiere para el desarrollo de las funciones que ejercía la trabajadora.

Otro de los hechos que atribuía a la alcaldesa se refería al periodo, de un año, en el que la trabajadora se encontraba de baja y recibió una llamada en la que Catalina González le pedía las llaves de su mesa de trabajo, “preguntándole si en los cajones guardaba efectos personales, y requiriéndole para que los vaciase al poder usarse esa mesa por otra persona” mientras estaba de baja. También en este caso entiende la jueza que la actuación de la alcaldesa es la correcta.

Por lo que respecta al resto de los trabajadores de la Xerencia, la demandante también les atribuye responsabilidad en la situación de acoso que decía padecer, y que la juzgadora tampoco considera probados.

Así, imputaba a algunas compañeras “provocaciones generalizadas, miradas, risas y cuchicheos”. Asegura que la situación empeoró a raíz de haber solicitado a un delegado sindical que pidiera la equiparación salarial con la que percibían otros compañeros.

En su demanda, relata como ejemplos de acoso, el hecho de que un compañero se hubiese negado a llevarla en el coche municipal al tanatorio para dar el pésame a una compañera cuya madre había fallecido. También incluyó en la demanda el hecho de que le hubiesen denegado permiso para construir un galpón en un terreno familiar. Apunta también que cuando recibía llamadas telefónicas “sus compañeros las contestaban de mala gana o decían que aquella llegaba tarde o que no iba a trabajar”. De otra compañera, también despedida, asegura que en una ocasión le tiró sobre la mesa unas notificaciones que “al parecer estaban mal hechas diciéndole que no valía para nada”.

En otra ocasión, dice que no la avisaron para participar en el regalo de un compañero que se jubilaba.

Finalmente, la demandante asegura que, tras su reincorporación después de un año de baja, le encomendaron tareas como ordenar armarios de expedientes de planeamiento urbanístico, actualizar libros de resoluciones que estaban muy atrasados, desproveyéndola de las tareas que realizaba antes de su baja. Algo que la jueza considera acorde con su categoría profesional.

De este periodo relata, además, que el día 28 de octubre de 2011 pidió a un compañero unas tenacillas para quitar un canutillo de un expediente y poder fotocopiarlo y éste “le tiró las tenacillas y pudo habérselas clavado en la mano”.

Sobre todos estos hechos, la jueza estima que en el juicio “poco o nada ha aportado que pueda ser objeto de valoración a fin de entender acreditada la situación de acoso que se denuncia”.

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