sábado 11.07.2020

Reportaje | Cálago revela un ánfora bética y una vasija riojana de inicios de nuestra Era

La primera excavación arqueológica en Cálago (Vilanova) llegará el próximo martes a su fin. Ayer, el director de la prospección, Mario César Vila, explicaba sobre el terreno los hallazgos y descubrimientos principales de esta aproximación al lugar fundacional de la localidad y concluía rotundo que, solo con los datos obtenidos por ahora, se puede establecer una ocupación humana del lugar entre los siglos IV a.C. y I d.C. 

El director de la excavación muestra la porción encontrada del ánfora.
El director de la excavación muestra la porción encontrada del ánfora.

La primera excavación arqueológica en Cálago (Vilanova) llegará el próximo martes a su fin. Ayer, el director de la prospección, Mario César Vila, explicaba sobre el terreno los hallazgos y descubrimientos principales de esta aproximación al lugar fundacional de la localidad y concluía rotundo que, solo con los datos obtenidos por ahora, se puede establecer una ocupación humana del lugar entre los siglos IV a.C. y I d.C. 
Las pequeñas catas revelaron que donde se intuía un castro menudo, en realidad duerme un gran poblado castreño que se remonta a la Edad del Hierro. Hay que buscar las construcciones más antiguas dentro de un círculo amurallado, en la croa, entre el cementerio y el campanario, pegado a las faldas de este último. 
En el otro nivel del terreno, más bajo, ya lindante con el camposanto, se extiende otra gran superficie que se tiene por la terraza o ampliación tardía del poblado, con elementos que ya sugieren un proceso de romanización al entrar en contacto los pobladores con la cultura latina. 
Las piezas halladas
Fue en la cata más próxima al cementerio donde ha aparecido más material, cientos de piezas en pequeños fragmentos, como los trozos de cerámica negra, típicamente castreña, decorada con incisiones, reticulados, zigzags y otros patrones. Otros muchos de los restos apuntan a objetos más modernos, claramente influenciados por la presencia posterior de la civilización romana. 
Destacan un pedazo de ánfora,  recipiente típicamente romano para transportar vino en barcos, cuya manufactura apunta a la entonces Bética, hoy Andalucía. Igualmente, ayer mostraron dos pedazos de un mortero romano, con su inconfundible grosor, y restos de vajilla de terra sigillata hispánica. Se trata de una cerámica de primera calidad utilizada por los romanos en la mesa, normalmente firmada por el alfarero con su propio sello o marca. Aunque los pedazos hallados en Cálago no revelaron la firma del autor, el estudio de material permite diferenciar entre una terra sigillata de gran calidad, probablemente producida en lo que hoy es La Rioja, y otra “de imitación”. 
Los pedazos más grandes conservados son de tégulas e ímbrices, tejas romanas. Las “pallozas” típicas de los castros en Galicia eran de planta circular con cubierta a base de paja y barro. No obstante, los romanos introdujeron la teja como notable avance arquitectónico, lo que obligó, a su vez, a variar la construcción de los castros pasando en los más modernos a plantas de forma cuadrangular, puesto que la circular impedía la instalación de las tejas en la cubierta. 
En Cálago hallaron incluso escombros de metal fundido, carbón y una pequeña pieza que se supone correspondía a una especie de parrilla. Todo ello hace pensar en la existencia de una fundición en la parte más moderna y exterior del poblado castreño. 

Pistas del monasterio
El estudio de todas estas piezas y clases de cerámicas fue la que permitió esta primera datación, ya que está estudiado en qué momentos históricos existían cada tipo de vasija, por ejemplo. Las conclusiones ayer eran claras a este respecto: Cálago fue poblado al menos desde el siglo IV antes de Cristo, mantuvo su ocupación como entidad principal de costa, con relaciones comerciales por mar, y constituía un poblado notable en el momento en que la tradición marca el remonte de los restos del Apóstol por la Ría y el Ulla, apuntó el alcalde, Gonzalo Durán. 
Las catas, no obstante, no revelaron indicios del posterior monasterio, cuya fundación se remontaría al menos al siglo VII d.C. por san Fructuoso. Confirmado, no obstante, que el castro ocupa una extensión mayor de la esperada, los investigadores podrán afinar la búsqueda el próximo año, incluyendo operaciones con georradar, en las inmediaciones del cementerio. 
Allí, en los muros más antiguos, ha aparecido un pequeño guiño para los arqueólogos: Entre las rocas y sillares se localizaron restos de tejas usados como material constructivo que, al menos de entrada, podrían ser de origen medieval: Una de las épocas de esplendor del mítico edificio vilanovés cuya localización aún desconocida alienta una particular búsqueda del templo perdido en la localidad. l

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