lll

Recibe cada mañana las últimas noticias. REGISTRARME

Recibe las noticias desde Telegram. ÚNETE

Un gordo en la playa

Un agosto más compruebo, por si hiciera falta, la triste realidad: soy un gordo en la playa. Especie, por lo que veo, cada vez más en riesgo de extinción en un país que presume de tener unos representantes institucionales, el Rey y el presidente del Gobierno entre otros, que podrían hacer anuncios de esos perfumes que rozan lo escandaloso. 
 

Uno, ay, se parece más al ministro Iceta o al polaco Kaczynski que al canadiense Trudeau o al presidente moldavo, que es uno de los pocos políticos que sale ganando en las fotos por unos centímetros a Pedro Sánchez. Menos mal que el Ministerio de Igualdad no ha ‘robado’, por ejemplo, la imagen del fallecido presidente polaco para ilustrar su campaña contra la ‘violencia estética’ en este Departamento.
 

Lo digo porque parece que la campaña de marras ha ‘robado’ la imagen de al menos una modelo (gorda), como la ‘influencer’ Nyome, en su cruzada contra la ‘gordofobia’ y en su apoyo, que me parece muy bien, a los que se sienten diferentes a la estética dictada por Un Mundo Feliz. Bueno, Igualdad no solo ha pirateado imágenes, parece: incluso han ‘tratado’ otras, como suprimir una pierna ortopédica y cambiarla por otra ‘normal’, de una de las mujeres que aparecen en las imágenes del publirreportaje, que son de una falsedad abochornante. Lo primero que tienen que ser estos trabajos, doña Irene Montero, es mínimamente creíbles y no caer en el ridículo.
 

Ya digo que un eslógan como “el verano es nuestro” para transmitir el mensaje de ‘fuera complejos’ cuando la playa nos desviste me parece muy bien. Podrían alentarlo algunos anunciantes de ropa, de helados o, ya digo, de perfumes. Podrían adoptarla también alguna ONG, los que empujan desde las sombras a ciertas/os ‘instagrammers’ y ciertas televisiones, que a veces se fijan más en el físico de los tertulianos/as que en sus ideas, temo. Lo que no acabo de entender es que sea necesario un Ministerio para lanzar, y encima tan deficientemente, este tipo de campañas. 
 

Que me dirán que tienen un coste que no supera el del chocolate del loro: no, si lo que yo lamento es el presupuesto general dedicado al Ministerio, que cada vez se evidencia como más innecesario.
 

Que me parece que es hora de que los gorditos/as del mundo se unan para denunciar que se utilice al diferente para justificar ese presupuesto, que incluye irse en el Falcon con las amigotas a Nueva York para entrevistarse no se sabe muy bien con quién ni para qué. Dice Sánchez, que no ha parado de hablar ‘informalmente’ con los periodistas que le acompañaron en su viaje balcánico, que está muy satisfecho de todos ministros/as. Pues yo, la verdad, no sé a qué espera para cesar a alguna de ellas y dedicar el dinero del chocolate del loro a otros menesteres más urgentes que estas campañas que solo evidencian juna alarmante vacuidad de ideas. Ahora, eso sí: la ‘campaña de las gordas’ ha logrado generar no pocos comentarios en columnas y redes sociales. Lo malo es que todos son negativos.

Un gordo en la playa

Te puede interesar