Reportaje | Una multitud repele en Catoira la invasión de los vikingos en una lucha singular

Más de 30.000 personas fueron testigos en Catoira de un espectacular desembarco vikingo que no estuvo exento de las encarnizadas luchas entre las hordas llegadas del norte y los vecinos que defendían sus tierras | Lavandeira jr / efe

Litros y litros de vino tinto emulando la sangre de una cruenta batalla se deslizaban a borbotones por las gargantas de las cientos de personas que escenificaron ayer el desembarco vikingo de Catoira, que estuvo marcado por el fuerte calor y por su espectacularidad, que cuenta ya con fama internacional.

Litros y litros de vino tinto emulando la sangre de una cruenta batalla se deslizaban a borbotones por las gargantas de las cientos de personas que escenificaron ayer el desembarco vikingo de Catoira, que estuvo marcado por el fuerte calor y por su espectacularidad, que cuenta ya con fama internacional.
Fueron horas de tensa espera. Toda una noche velando armas para evitar que los salvajes llegados del norte invadieran tierra firme y arrasaran con todo lo que encontraran a su paso.
Las escenificaciones de los días previos, especialmente seguida el “roadshow Follow de Vikings” pusieron en alerta a la población de lo que podría suceder.
Una multitud, cifrada en más de 30.000 personas, observaba desde puestos de privilegio y alejados de la batalla que se avecinaba todos los preparativos del desembarco al ritmo de la música de grupos folclóricos y de “Troula Animación”, que volvió a despertar admiración.
Al filo de la una de la tarde comenzaron a escucharse los primeros gritos procedentes de los drakkar cargados de vikingos hambrientos, sedientos y dispuestos a luchar por su botín hasta las últimas consecuencias.
Volvieron a escucharse los gritos de “Ursulá, Ursulá”. Primero apagados por la distancia para convertirse después en atronadores en el momento en el que las embarcaciones tocaron tierra y comenzó un desembarco en el que los norteños utilizaron todo tipo de armas y no escatimaron esfuerzos en una lucha que se repite cada año y que siempre resulta única.
Fiesta popular y música 
Tras la dramatización del desembarco vikingo fueron muchos los que se quedaron a comer en el recinto disfrutando de las actividades que se organizaron a lo largo de toda la jornada y que tuvieron como colofón un concierto de Roi Casal con su espectáculo “Son galego, son cubano”. l