sábado 5/12/20

La alcaldesa y Abal Varela dinamitan el frente común del gobierno en el Albariño

Pode exigía un Pleno antes de sentarse con Juan Gil, pero la socialista se reunió con él a espaldas 
de sus socios 

El edil de Enoturismo compareció ayer en A Calzada, donde se instalan los puestos cuyo horario generó la polémica  | m. rolán
El edil de Enoturismo compareció ayer en A Calzada, donde se instalan los puestos cuyo horario generó la polémica | m. rolán

La unidad de acción y el intento del cuatripartito por mostrar una sola postura sobre la polémica por los horarios de las casetas del Albariño se quedaron solo en eso: En un intento. El concejal de Pode, José Ramón Abal Varela, y la alcaldesa, la socialista Fátima Abal, dieron ayer dos giros a cada cual más inesperado sobre el anuncio inicial del gobierno, adoptando dos posturas radicalmente opuestas. 
A mediodía, Abal Varela comparecía en solitario en el Paseo da Calzada, escenario del lugar de conflicto, para anunciar que no se sentaría a reunión alguna con el Consejo Regulador de la Denominación de Origen (CRDO) Rías Baixas para hablar de horarios, ni con su presidente, Juan Gil. No sin antes pasar por un Pleno del Concello en el que hacer valer su postura, planteada en forma de moción. La previsión a esas alturas era la de poder mantener una reunión del cuatripartito con el Consejo Regulador, previsiblemente, hoy sábado. El edil dejaba claro su órdago: El gobierno podía sentarse este fin de semana con el CRDO, pero él no estaría.

Reunión sorpresiva
Todo cambió horas después.  Caída la tarde, la Alcaldía hacía público un comunicado que cogió con el pie cambiado a sus socios de gobierno: La regidora se había reunido ya con el presidente del Consejo, a espaldas de sus socios, como confirmaban ayer fuentes del entorno del gobierno. 
La reunión causó desconcierto, pero los mensajes de fondo no hacían sino acentuar la brecha. Abal Varela acusó por la mañana a Juan Gil de intentar “chantaxear” y “boicotear” al cuatripartito y a la fiesta, “pola experiencia” que, dijo, ya tuvo en las conversaciones con él “o ano pasado”, con motivo de la Ciudad Europea del Vino. Incluso dijo que “de portas adentro”, los demás socios del gobierno coincidían en el diagnóstico, por lo que “non entendo por que non son claros publicamente”. 
Sin embargo, el comunicado de la Alcaldía empleaba un tono diametralmente opuesto sobre la relación del Concello y el CRDO. “Relación cordial”, “fluida”, “respeto”, “sintonía”, “apoyo mutuo”. Esos fueron algunos de los calificativos empleados. El escrito, que se encabeza en nombre del Concello, incluso recogía declaraciones directas de Juan Gil, lo que no hacía sino subrayar la idea de entendimiento a transmitir. “Para nosotros siempre ha sido prioritario mantener una correcta relación institucional con el Concello”, refería, frente a la acusación de “unilateralidad” con la que ayer lo acusaba Abal Varela.
Cambio de estrategia
La situación, pues, distaba de la de hace diez días, cuando los cuatro partidos firmaban un comunicado conjunto. Ayer, solo BNG y Somos parecían permanecer fieles a aquellos postulados y, de hecho, Víctor Caamaño y Tino Cordal, sus portavoces, defendían por separado una idea coincidente: La de la “coherencia”, manteniendo el objetivo común de no querer cerrar los puestos de  A Calzada a medianoche, así como el diálogo y negociación con el Consejo para conseguir esa meta. 
Ante esa postura inicialmente común en el cuatripartito, Pode y PSOE escenificaron los dos extremos posibles del cambio de estrategia. Abal Varela pide un Pleno extraordinario a mediados de la semana que viene para buscar un acuerdo de un órgano legítimamente superior al Pleno del Consejo en el que se aprobó el cambio de horario. Si consigue que prospere la moción tendría una carta de peso para hacer valer su criterio contra el del Consejo. Y lo sabe: “O acordo do Pleno do Concello sería innegociable e o Consello debería acatalo”.  El edil quería una sesión extraordinaria porque la ordinaria supondría esperar demasiado y no descarta que, incluso, el Concello tenga que acabar asumiendo el peso de la organización de las casetas. Por ello, el tiempo es oro y solicitaba el apoyo sin fisuras de “a esquerda”, dijo, “para salvar a festa”. 
En el punto opuesto, la Alcaldía exponía ayer, no ya negociación sino que el Concello “coincide con la decisión del Pleno del Consejo Regulador de respetar los horarios de cierre de las casetas según lo establecido como límite máximo en la legislación vigente”. Cosa que ni siquiera está clara para sus socios, que discrepan de qué dice exactamente esa interpretable legislación. 

Un convenio
Marcando aún más distancia, la regidora anunció que el Concello y el Consejo “firmarán públicamente un convenio que recogerá los compromisos que en su día adquirieron ambas partes”, cuyo contenido práctico era ayer aún incierto más allá de la intención de “regular la afluencia de público” en A Calzada y “recuperar la fiesta para los vecinos”. El final no se intuye cerca todavía.

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