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CRÓNICA: Calamaro se resarce en el Atlantic e Izal hace vibrar A Concha en su adiós

Calamaro hizo un repaso de sus grandes éxitos en A Concha- MÓNICA FERREIRÓS

La última vez que Calamaro pisó un escenario en Arousa fue hace tres años en la Carballeira de Caldas. El astro argentino dejó con aquella actuación un sabor agridulce entre los miles de fans que habían acudido a verlo e incluso se llevó a casa algún pitido y abucheo. Esos mismos fans ayer no le fallaron en su actuación en A Concha. A las ocho y media en punto y bajo un sol de justicia se plantaron delante del escenario Xacobeo para escuchar de él lo que mejor sabe hacer: ser Andrés Calamaro en estado puro. Y cumplió, vaya si cumplió. Arrancó su actuación con “Cuando no estás” y su afinación y ganas no desfallecieron durante la hora y media que duró el concierto. Enlazó con “Sin documentos” y repasó éxitos que configuran su carrera de décadas y también otros que cantaba con Los Rodríguez. “Crímenes perfectos” acarició corazones y la actuación fue en aumento con el público entregado y coreando toda la letra de “Estadio Azteca”, “Flaca” o “Paloma”. Durante un momento de la actuación alguien lanzó una camiseta del Arosa que Calamaro agarró durante todo un tema, mientras entre las primeras filas ondeaban banderas de Argentina y su nombre era coreado. Cumplió en los bises y selló su actuación con “Sin documentos” y “Los chicos”. Antes de marcharse se hizo con un capote de toreo para dar unos pases, algo que no gustó entre el público vilagarciano. Pero Andrés fue fiel a si mismo hasta el final.
Su actuación –que terminó todavía de día– dio paso a la de Los Planetas, que fueron el aperitivo ideal para la que fue sin duda la actuación más multitudinaria, aplaudida y quizá esperada de la segunda jornada del Atlantic, la de Izal. El 1,95 metros de altura de Mikel y su potente voz encadilaron en una actuación perfecta de principio a fin en la que quisieron repasar “nuestros grandes éxitos porque esto es una despedida”. Indefinido, pero un adiós. De ahí que sonasen en miles de gargantas “Copacaban”, “Pequeña gran revolución” o “La mujer del vestido verde”, que la banda dejó para el tramo final de la actuación tras una conversación entre temas de “tú a tú” con sus seguidores. Fue entonces cuando Mikel decidió bajarse del escenario, colocarse en el medio de los fans de la primeras filas y demostrar que en la época del playback y del autotune todavía existen grupos que suenan mejor en directo que en el disco. “Estos dos años parecía que nunca más podríamos estar en esta situación. Gracias”, apuntaba el artista. Fue el momento álgido de una noche intensa a la que todavía le quedaba escuchar “La revolución sexual” de La Casa Azul y que despidió un Atlantic Fest que ha regresado a Vilagarcía para quedarse.

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