viernes 7/8/20

Crónica | Riadas de fervor popular en honor al San Roque más profano y con más ritmo

El Agua es de esas fiestas que no entiende de cargos, de nacionalidades ni de género o gustos. Se nutre de la calle, de lo popular y del fervor profano (aunque también religioso) por San Roque

Crónica | Riadas de fervor popular en honor 
al San Roque más profano y con más ritmo

El Agua es de esas fiestas que no entiende de cargos, de nacionalidades ni de género o gustos. Se nutre de la calle, de lo popular y del fervor profano (aunque también religioso) por San Roque. Buena muestra de ello es que al filo de las once de la mañana ya hubiese quien hiciese cola a las puertas de la iglesia parroquial. Algunos, los menos, vestidos de domingo y otros, los que más, ataviados con sus camisetas de peñas y con evidentes muestras de haber enlazado la noche con el día. El santo más venerado en Vilagarcía hizo esperar su salida programada para las doce menos cuarto. Las puertas del templo de Santa Eulalia se abrieron casi diez minutos más tarde y los cánticos y gritos de “San Roque es cojonudo, como San Roque no hay ninguno” atronaron en toda la Praza de España. Y el santo se animó. Como marca la tradición y al ritmo del pasodoble “Triunfo” San Roque bailó en todo el recorrido que lo separa desde la iglesia hasta la capilla de su mismo nombre. Detrás miles de personas lo acompañaron pidiendo agua a raudales. Pero el líquido elemento todavía estaba por llegar. De forma paralela al recorrido eran muchos los que entroncaban la noche con el día en las calles de la “movida”, ajenos al santo, pero no al agua que inundó A Baldosa, Méndez Núñez y la zona de O Castro. La excelente temperatura, propia de uno de los mejores días de playa de agosto, animó más el ambiente. San Roque llegó a su barrio y escuchó paciente el himno gallego con un “Fogar de Breogán” que se escuchó incluso en la Praza da Independencia. Había ganas de fiesta y se notaba. Niños, hombres y mujeres y mayores miraban al cielo a la espera de un pregón que este año tuvo el toque más local y, como no, también más arrimado a la tradición del patrón de Vilagarcía. El Club de Rugby “Os Ingleses”, escoltas y cordón de seguridad durante años de la imagen en su “bailoteo” de procesión, fueron lso encargados de tirar el primer cubo de agua a la multitud que hacía tiempo que se abrasaba bajo un sol de justicia.
De los balcones, que al paso de la figura desprendieron miles de papelillos multicolores, empezaron a salir mangueras, cubos de agua y baldes de todos los tamaños y colores para satisfacer el “Aquí no llega” que salía de miles de gargantas ansiosas.
Bajada al centro
La subida, mucho más rápida, contrastó con una bajada más lenta y con paradas obligadas “en boxes” para mojarse a gusto del peticionario. Tras el pregón la música explotó con el “Eu quero josar” de los Heredeiros da Crus y el baile que subió a San Roque se repitió, pero en sus seguidores y ya hacia el centro urbano, punto neurálgico de las mojaduras.
Los camiones de bomberos estratégicamente colocados en enclaves como la Praza de Galicia, Conde Vallellano y Rey Daviña repartieron agua a diestro y a siniestro, mientras que la música de diferentes estilos se repartía y mantenía la fiesta candente en las calles y plazas. En A Baldosa fue Dani Barreiro el encargado de entonar el mítico “Miudiño”, en Méndez Núñez la música de La Duendeneta terminó lo que se había iniciado en la noche con el Freddy Mercury más vilagarciano y en Valentín Viqueira sonaba lo último del verano aderezado con toques de bachata y reggeaton. De todo y para todos los gustos.
A las tres de la tarde, en teoría el horario marcado para el fin de la fiesta más húmeda del año, nadie quería irse a casa. El sol apretaba y el líquido elemento hacía una tarea refrescante que no se recuerda en varias ediciones pasadas, donde las nubes siempre aparecían en el momento menos oportuno. La música, de nuevo, seguía descargando watios a más no poder. Los más atrevidos, aquellos que llevan viviendo la fiesta desde hace años y fieles a la tradición, se dirigieron a la zona del Puerto para lanzarse de cabeza como colofón al chapuzón multitudinario. Otros prefirieron quedarse en el entorno de O Cavadelo descansando y tomando el sol en la rotonda, una de las estampas míticas de una fiesta que va ganando en popularidad año tras año. Por supuesto no faltaron las camisetas de colores, de las peñas, con los lemas que son un fiel reflejo de la actualidad del momento, así como disfraces de lo más variopintos para zambullirse en la diversión. A las cinco la ciudad seguía con el ajetreo , pero el protagonismo lo asumieron los servicios de limpieza que trabajaron de forma intensa. Y el Auga se despidió hasta el año que viene.

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