viernes 29.05.2020

Cuando el colegio está en la cocina

Padres de niños arousanos, algunos de ellos dirigidos por el profesorado de los colegios desde sus casas, intentan que no pierdan el hilo de las clases e idear unas rutinas que les hagan, mientras no pueden salir a la calle, más llevadero el confinamiento. Son, por su aguante, los otros héroes de esta crisis.
Uxía y Roi, de 10 y 12 años, realizan sus tareas cada día | cedida
Uxía y Roi, de 10 y 12 años, realizan sus tareas cada día | cedida

El despertador suena todos los días a las nueve de la mañana en casa de Carla y Lara Alcaine, estas dos hermanas de 8 y 15 años respectivamente que, al menos en cuanto a madrugar se refiere, no han notado las medidas de confinamiento. Su padre, Diego Alcaine, explica que la obligación de quedarse en casa con motivo de la crisis del coronavirus ha obligado a crear unas rutinas para que los más pequeños continúen con sus tareas escolares y, al mismo tiempo, que los largos días sin salir a la calle se hagan los menos aburridos posibles. ¿Cómo responden desde los colegios e institutos a la hora de seguir con la carga lectiva? Diego incide en que “no instituto Bouza-Brey a verdade que moi ben. Todos os profesores, excepto un, mandan tarefas e incluso intentan facer clases online, como se fosen as presenciais. Ademais fan un seguimento do alumno”. En el caso del colegio al que va Lara, el Arealonga, la cosa va de otra forma. “Só había ata agora dúas aulas virtuais, para 3 º e para 6º. Vese que non hai un mecanismo global para activar deberes e esas cousas e que depende un pouco de cada profesor”, explica este vilagarciano. La cocina se ha convertido en una auténtica escuela en la que, por las mañanas, hacen las tareas.

En el Anexo A Lomba, según explica Jesús Bemposta, la situación está más organizada. Sus hijos Roi, de 12 años, y Uxía de 10, tienen cada día tareas que les envían desde el centro escolar, de todas las materias. Hay activa, de hecho, una aula virtual. “Levántanse sobre as 9 e cuarto, almorzan e de seguido se poñen cos deberes”, explica Jesús. Eso sí, reconoce que en esta epoca tan inusual para todos “cos xogos e así hai que ser un pouco máis permisivos. Hai unhas horas de estudio, cun pequeno recreo por dicilo dalgunha forma e pola tarde facemos cousas. De feito incluso montamos unha tenda de campaña”.

La que está deseando salir a la calle es Emma Sánchez, matriculada en el colegio de A Escardia. Ella echa mucho de menos ir al colegio, dice su padre “para socializar”. Pese a que ahora su espacio se limita a su casa sus padres le matienen la rutina. “Por las mañanas trabaja en su escritorio. En A Escardia  tienen aulas virtuales con su profesora y le mandan tareas y deberes que van haciendo. La primera semana había como más material, pero ahora ya se va organizando”, señala su padre Gonzalo. De hecho indica que incluso de las clases extraescolares a las que acudía antes del Estado de Alarma les mandan tareas “Iba a inglés y a la Escuela de Música y eso lo va haciendo por la tarde”. Eso sí, reconoce su padre que “ella mucho de menos estar en la calle. Los últimos días se viene quejando de eso porque tiene esa necesidad. Nosotros procuramos hacerle que cada día sea diferente, con juegos y actividades para entretenerla”.

Desde Caldas Isaac, de 10 años, se mantiene en contacto con sus amigos del colegio de A Encarnación y del fútbol a través de los juegos. “Habla con ellos de vez en cuando”, explica su madre Rebeca Caldas.

Desde el centro educativo caldense tienen activada una plataforma online donde cuelga los deberes de cada asignatura. “También de gimnasia”, señala la madre. “Hacemos los deberes después de comer, nos ponemos y yo le ayudo. A mayores también mandan algunas tareas o actividades”, explica. Reconoce que el hecho de que existan opciones de comunicación online facilita que el niño esté más entretenido y que esta situación tan atípica se lleve lo mejor posible. Eso sí, con la mirada siempre puesta en poder volver al parque.

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