martes 22.10.2019

Mauthausen no está tan lejos

En los campos de concentración nazis perdieron la vida más de una decena de arousanos. Cuatro eran vilagarcianos: Ramón Díaz Ribas, José García Rodríguez, Antonio Quintáns y Francisco Varela. El vilaxoanés Antonio Lamas logró salvar la vida.
Joaquín Lamas posa con la fotografía de sus tíos. Antonio sobrevivió al horror nazi y sigue vivo en la memoria de su familia |
Joaquín Lamas posa con la fotografía de sus tíos. Antonio sobrevivió al horror nazi y sigue vivo en la memoria de su familia |

Joaquín Lamas vive en Cornazo, aunque procede de Vilaxoán. Desde su casa a Mauthausen hay, redondeando, unos 2.486 kilómetros por carretera. Unas 25 horas por autopista, según los cálculos de Google. Aunque su mirada puede ponerse allí en menos de una décima de segundo. Porque la de su familia es una de esas historias marcadas por el terror de un silencio al que lograron, sin embargo, sobrevivir.

Lo fácil sería decir que su tío, Antonio Lamas, tuvo suerte. Pero lo cierto es que a este vilaxoanés, natural del lugar de O Casal y todo un hacha con las letras de las comparsas, lo encarcelaron en el horror nazi por ser de izquierdas.


“Mi tío era de la UGT. Entonces como supieras que eras de izquierdas iban a por ti”, relata su sobrino Joaquín. En su casa siempre se habló alto y claro de lo que había pasado en la familia. Otro de sus tíos, Manolo Lamas, estuvo en el penal de San Simón. Los dos lograron salvar la vida.


Sin embargo, tras salir del campo de concentración Antonio Lamas eligió el exilio francés. Allí se casó con una valenciana y tuvo dos hijos, uno de los cuales trabajó como mecánico del Tour. “Mi padre le dijo que viniese, que los que no tuvieran las manos manchadas de sangre no iban a tener problemas, pero vino veinte días y andaba con la mosca detrás de la oreja”, recuerda Joaquín. Su padre era el hermano más próximo al hombre que pasó por Mauthausen. “Se mandaban cartas y, de vez en cuando, hablaban por teléfono. Pero eso era muy complicado, porque tenían que ir a locutorios y antes avisarse por telegrama”, relata. Fue su padre el que mantuvo siempre viva la figura del tío Antonio, que él define como un “hombre tranquilo” y “muy inteligente”, al que le gustaba “hacer unas letras muy graciosas para las comparsas”.

“Si eres pobre y despuntas por tus cualidades enseguida te señalan”, relata Joaquín Lamas, que todavía recuerda la letra de su tío. “A mí me parece estupendo que se honre a esta gente, porque hay que hacer limpieza de asperezas”, señala el vilaxoanés, que no entiende como puede haber voces que se desmarquen de este alegato a la memoria y a la justicia. En Mauthausen también estuvo el carrilexo Antonio Quintáns. Es uno de los fallecidos que aparecen en el listado publicado por el BOE para reconocerlos como víctimas españolas. Se fue con su padre y otro hermano embarcado a Francia. Cuando estalló el golpe de Estado, la familia, de izquierdas, no pudo volver a su país. Otro hermano de su padre también escapó, aunque a Nueva York.

Justicia y reparación
Son solo dos de las numerosas historias trágicas que esperan aún por reconocimiento y reparación. El Gobierno comienza a dar los primeros pasos.

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