domingo 08.12.2019

Reportaje | La excavación de la Mámoa 4 de O Areoso extrajo más de 3.600 objetos

La excavación de la Mámoa 4 de O Areoso cuenta ya con cifras definitivas en cuanto a los materiales hallados por los arqueólogos. El equipo de intervención ha hecho público la relación de estos objetos

Dos de los fragmentos rescatados de la intervención en el islote | tomos conservación restauración / Xunta
Dos de los fragmentos rescatados de la intervención en el islote | tomos conservación restauración / Xunta

La excavación de la Mámoa 4 de O Areoso cuenta ya con cifras definitivas en cuanto a los materiales hallados por los arqueólogos. El equipo de intervención ha hecho público la relación de estos objetos, en los que contabilizan cerca de 3.000 fragmentos de cerámica, 650 líticos y siete piezas de metal.
Destaca el cacharro entero localizado en el interior de la cámara del dolmen, un hallazgo único permitido gracias a las especiales condiciones de conservación y preservación de este túmulo que pervivió prácticamente inalterado desde su creación hace más de 4.000 años.
Los trabajos de campo se ejecutaron durante dos meses, pero han proseguido desde entonces con la limpieza, tratamiento, catalogación y embalaje de los materiales recuperados, que ahora serán puestos a disposición de nuevos expertos para el estudio en profundidad, tanto a nivel cronológico como de tipología y funcionalidad.
 

Cuidados extremos
A través de las redes sociales y perfiles públicos sobre la intervención en O Areoso, el equipo ha hecho público buena parte del trabajo de cuidado al que han sometido a las diferentes piezas, para que todos los interesados puedan conocer al detalle cómo se actuó sobre los objetos de cerámica, piedra o metal.
El grueso del trabajo fue desarrollado por la conservadora-restauradora Andrea Fernández Campoy.
Una de las piezas con las que más cuidados se siguieron fue el propio cacharro del interior de la tumba. Aunque parecía estar en buen estado, se observaron algunas fisuras que recomendaron actuar con toda la prudencia posible antes de su retirada del yacimiento. Por ello, se decidió de inicio no vaciar su contenido de tierra y practicarle una protección estructural con gasa de escayola. Antes, para no entrar en contacto directo con el material, se lo cubrió con papel de aluminio, para evitar contaminar la pieza.
Igualmente, se conservó parte de la tierra adherida a la cara exterior. La base, lo último en excavarse, se dejó secar al aire, a fin de favorecer la resistencia del material, y el objeto fue volteado para descansar sobre la pasta de escayola antes de ser envuelto en plástico de burbuja y preservado en una caja de transporte.

Comentarios