Lunes 17.12.2018

Ricardo Urioste, un hombre sin protocolos que hizo de la vida un continuo carnaval

No era un hombre tradicional ni apegado a los protocolos, y sin embargo logró hacerse con los círculos más elitistas de la ciudad. Aunque Ricardo Urioste era sobre todo un hombre del pueblo.

urioste, abajo en el centro (rodeado de dos mujeres) con el cuadro local que dirigía	                o faiado da memoria
urioste, abajo en el centro (rodeado de dos mujeres) con el cuadro local que dirigía o faiado da memoria

No era un hombre tradicional ni apegado a los protocolos, y sin embargo logró hacerse con los círculos más elitistas de la ciudad. Aunque Ricardo Urioste era sobre todo un hombre del pueblo. Por ello no es de extrañar que 66 años después de su fallecimiento todavía sea recordado con cariño en una ciudad a la que llegó a principios del siglo XX y que le debe buena parte de su historia cultural más reciente.
Unido siempre a sus amigos Juan Buhigas y Manolo Rey, Urioste era el “hombre orquesta”, capaz de convertir un escenario con múltiples velas consumiéndose en una obra de teatro aplaudida por un público engalanado que acogió con sorpresa y humor el desarrollo de una “actuación” que llevaba por título “Unha gran velada”.
El hombre que se presentó ante la Escuadra Inglesa en calzoncillos, y que acudió en carretilla a un baile del Casino de A Coruña, dirigió varios periódicos y destacó en la capital arousana por sus Apropósitos. Uno de ellos se escenificó en el Teatro Villagarcía. Carlos Comendador recuerda que “se anunciaba en el programa como Concierto de Bacinillo, por don Ricardo Urioste. Levantado el telón con un salón lleno de público ataviado con sus mejores galas, aparecen una serie de bacenillas colgadas en forma de xilófono y el protagonista vestido de etiqueta. Como era un gran músico obsequió a los admirados espectadores con un concierto interpretado cont al original instrumento”.
Y es que además de hacer del carnaval un estilo de vida, Urioste era un gran amante del arte sonoro, que sabía también apreciar y descubrir en los demás. A él le debe la fama la que fue una de las estrellas que más brilló en la España de los años veinte y treinta, Matilde Vázquez.
Director de varios periódicos, la mayor parte en tono satírico, aficionado a la poesía (a la que imprimía su toque especial que el mismñisimo Catulo envidiaría) y al senderismo (ocupó la jefatura de “Los exploradores locales”) fue el alma mater del Recreo Liceo, donde el 12 de septiembre de 1946 (un año antes de su muerte) recibió un homenaje al que asistiría Matilde Vázquez.

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