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Dejarse llevar y morir en la orilla

Elena Suárez |

Diario de Arousa | 24 de febrero de 2019

Todos compartimos ideas genéricas del imaginario popular que resumen a la perfección situaciones cotidianas. Sobran ejemplos y por eso me centro en esa en la que tras un naufragio los supervivientes nadan hasta caer extenuados y fallecen justo antes de que la corriente les lleve hasta la arena de la isla. Los que preferimos los finales felices quisiéramos cambiar el cuento, pero como siempre, en Vilagarcía hay quien se empeña en ir por libre y a contracorriente.
Este gobierno de Varela es como esos náufragos. El día que se subieron al barco estaban pletóricos, botaron el bote con champán y el sol les bronceaba con el impulso de una brisa que al final, convertida en tempestad, se los puede acabar llevando por delante. La travesía del barquito socialista (porque a pesar de haberse comprado el favor de sus tres socios no ha sido capaz de pactar con nadie y ser un barco en condiciones) hace aguas. Es como las tuberías de Doctor Tourón, pero a lo bestia. La tripulación está más enfrentada y dividida que nunca y por eso reman en círculo, cada uno para un lado, pero sin avanzar.
El gobierno municipal agoniza cuando ya han divisado tierra. Somos muchos los que tenemos la sensación de que llegan sin gasolina, con las velas rotas y que aquellos jóvenes aventureros de hace 4 años son ahora pasto de las olas, y algunos dicen que de las “mareas”…
El barquito socialista ha ido remendando sus fugas de agua con fracaso e intentando taponarlas con mentiras, opacidad, cortinas de humo y hormigón oxidado. Desde fuera el barco hasta parece que sigue intacto, pero desde dentro es como el plano de un metro de una gran capital: agujeros y túneles en todas direcciones. Y lo peor es que ese exceso de hormigón se los puede llevar a las profundidades del fondo marino.
En cuatro años de travesía no han sido capaces de hacer ninguno de los grandes retos del mandato. Llegarán con la resaca de las olas sin el PXOM, que duerme secuestrado en el cajón del capitán. El pliego de la basura está en galeras para que la próxima tripulación haga el trabajo que no quiso hacer este gobierno. Como el contrato de la piscina. Como las “no ordenanzas”. Como los “no consellos locales”. Como la “no RPT”. Como los “no presupuestos participativos”. Como el “no cambio de las calles”. Como el “no reglamento de la plaza consensuado”. Como la “no lucha contra las barreras arquitectónicas”… ¿sigo? Como el “no concejal 22”. Como el “no carril bici nuevo”. Como el “no Cuartel de la Guardia Civil”. Como la “no segunda fase del paseo de la playa” o la “no regeneración de O Preguntoiro”… puedo seguir…
Al final, aquellos marineros que se pensaron que serían viejos lobos de mar curtidos en mil batallas porque otros les dirigían el timón desde fuera han quedado reducidos a un flojo equipo de marineros de agua dulce que tienen más de soberbia y complejo de superioridad que de trabajadores del mar.
Por suerte algo está cambiando. La singladura está tocando a su fin y como nada es eterno (ni el hormigón oxidado) este mal sueño de 4 años quedará pronto en el olvido porque no hay más cera que la que arde, y arde poco y mal, la verdad. A alguno no le gustará lo que siempre digo, que ya queda poco tiempo por delante y mucho por detrás, malgastado. Ese barco de más puños que rosas no pasa la ITV y ellos lo saben. No hay peor náufrago que el que puede pero no quiere nadar hasta la orilla. La desidia ha ido tirando por la borda los proyectos del principio y ahora no queda a bordo nada potable que echarse a la boca. Les queda todavía un gran trecho y están solos y abandonados mientras salen a la superficie, por su izquierda, aletas de tiburones que tienen más hambre que ellos, más experiencia y mejores barcos. No hay peor ciego que el que no quiere ver la realidad ni peor superviviente que el que mira para otro lado en lugar de haber tapado las fugas de su barco… a ver cómo acaba este cuento.

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