sábado 21.09.2019

Las negociaciones al límite del PSOE y Unidas Podemos no salvan a Sánchez

Tras la votación en la que el socialista cosechó 155 “noes” se abren dos meses para evitar la repetición electoral
Las negociaciones al límite del PSOE y Unidas Podemos no salvan a Sánchez

Las negociaciones al límite que llevaron al PSOE y Unidas Podemos hasta prácticamente el momento de la votación definitiva no salvaron la investidura de Pedro Sánchez como presidente del Gobierno, por lo que se abre un plazo de dos meses para que haya un nuevo intento o pase el tiempo y se convoquen otras elecciones.

El caudal de votos a favor que cosechó el candidato socialista en el Congreso –además de los del grupo socialista– fue exiguo, uno solo, el del único parlamentario del Partido Regionalista Cántabro, de modo que los 124 “síes”, aparte de ser un número incluso más pequeño que el de su investidura fallida de 2016, se han quedado muy lejos de los 155 “noes”.

Para que Sánchez hubiera salido del Congreso ayer con la potestad de formar un nuevo Gobierno, resultaba necesario aumentar la cifra, que es la que obtuvo en la primera votación del martes pasado. Sin embargo, ningún grupo se desplazó al sí.

Aumentar la presión
Solo cambió de criterio ERC, tal y como avanzó su portavoz, Gabriel Rufián, a primera hora de la mañana. Su decisión de decantarse por la abstención, en vez del “no” de hace dos días, perseguía aumentar la presión sobre Unidas Podemos.


Porque fue precisamente el grupo presidido por Pablo Iglesias sobre el que recayó la responsabilidad de propiciar la investidura de Sánchez.
Una apuesta del partido “morado” y de sus confluencias por el “sí” habría elevado el nivel de apoyo al candidato socialista a los 166 votos, y Sánchez ahora estaría encajando en su agenda el momento de ir a ver al rey para prometer el cargo y nombrar a los nuevos ministros y ministras.

Pero no fue el caso. Unidas Podemos se mantuvo en la abstención al igual que el PNV, ERC y Bildu (67 en total).


Como recordó el secretario general del grupo socialista, Rafael Simancas, tras la votación, Sánchez deja de ser candidato desde y se abre un periodo de dos meses a contar desde el 23 de julio para que surja uno nuevo o el propio Sánchez vuelva a intentarlo.
Si el tiempo pasa y llega el 23 de septiembre sin novedades, se disolverán las Cortes, el BOE publicará el real decreto de convocatoria electoral y los ciudadanos serán llamados a las urnas el 10 de noviembre.

Oportunidad al trío de Colón
Entre las fuerzas políticas de izquierdas solo pensar en ese escenario causa temor. Rufián insistió en que “septiembre complica la vida a todos”, dando a entender que la abstención de ayer raramente se repetirá en unas fechas en las que se conocerá la sentencia del procés. Por su parte, el diputado de Compromís Joan Baldoví afirmó que otros comicios generales darían “una oportunidad al trío de Colón”, en referencia a PP, Cs y Vox.


Iglesias recordó en el Congreso la complejidad de culminar con éxito unas conversaciones que comenzaron hace cuarenta y ocho horas, nada más terminar la primera votación del martes.


Ayer, tras una reunión entre Carmen Calvo y Pablo Echenique, algunos ultimátum, llamadas telefónicas y filtraciones de documentos, las negociaciones quedaron interrumpidas y al borde de la quiebra, pues el PSOE comunicó que ya no se movería.


El ambiente se enrareció tanto que Rufián, casi de madrugada, medió con Iglesias y con el responsable de Organización de los socialistas, José Luis Ábalos, para que intentaran un acuerdo hasta el último segundo.

Sin embargo, el PSOE no se movió.
Iglesias sí. Tres horas antes de la votación del Congreso, difundió un documento con el que comunicaba al PSOE que estaba dispuesto a aceptar una vicepresidencia de Derechos Sociales e Igualdad, los ministerios de Trabajo, Sanidad y de Ciencia.

Reforma laboral
Entre sus objetivos, la derogación de la reforma laboral.
El PSOE la rechazó, básicamente por la pretensión de Unidas Podemos de gestionar la cartera de Trabajo, e Iglesias y su dirección decidieron que votarían “abstención”. La investidura de Sánchez estaba sentenciada.


Comenzó la sesión en el Congreso y el candidato socialista abrió el turno de intervenciones con el gesto afectado y duras críticas a Iglesias.


Le reprobó haber hablado de ser “humillante” liderar un ministerio; le advirtió de que entre un Gobierno que no sirviera a los ciudadanos y sus convicciones, siempre elegirá la defensa de sus convicciones y del interés general; y le recordó que no puede poner la gestión de los presupuestos en manos de personas que nunca gestionaron uno.


El líder de Unidas Podemos le replicó que faltó al respeto a su organización y a sus votantes y que no se puede abordar una negociación a base de filtraciones.


Pero Iglesias se reservó una última carta: en la tribuna de oradores, para salvar la investidura, anunció que su partido renunciaba al Ministerio de Trabajo si, a cambio, recibía la gestión de las políticas activas de empleo.

Duró poco la expectativa de un acuerdo en el último segundo y ver a Sánchez y a Iglesias enganchados a sus móviles avivó todavía más la posibilidad del Gobierno de coalición.


El PSOE, no obstante, se negó y Sánchez afronta dos meses ahora durante los que tendrá que decidir si acepta una nueva negociación o deja pasar el tiempo.

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