• Jueves, 18 de Octubre de 2018

Torra, el telonero

Pobre Cataluña si ha de ver en el flamante 131 presidente de la Generalitat, Quim Torra, el remedio para superar su posmoderna guerra civil. Pobres catalanes, abocados a ser las primeras víctimas del malversado sueño separatista.

Pobre Cataluña si ha de ver en el flamante 131 presidente de la Generalitat, Quim Torra, el remedio para superar su posmoderna guerra civil. Pobres catalanes, abocados a ser las primeras víctimas del malversado sueño separatista. Pero es lo que hay. Desde el lunes ya tienen, debidamente coronado por mayoría simple en segunda votación, un presidente sin mochila judicial dispuesto a desactivar el 155 y abrir un proceso constituyente hacia la república independiente.
Ustedes se preguntarán si es posible retirar la aplicación del 155 para reanudar el proceso independentista. Pues no. No es posible, porque lo segundo (el procés) fue lo que provocó lo primero (intervención de la Generalitat). Sin embargo, así lo formuló el ya presidente en su discurso de investidura. Una apuesta por el desafío a la legalidad que ha causado el procesamiento judicial de veinticinco dirigentes independentistas. La apuesta incluye cumplir el anticonstitucional mandato del 1-O, reactivar las leyes golpistas de la desconexión y afrontar el proceso constituyente.
Todo lo cual viene a confirmar la tesis del juez Llarena sobre el estado latente de un proceso independentista que “sigue en desarrollo”, aunque está larvado y pendiente de reanudación. En el auto de procesamiento del 23 de marzo, Llarena escribía que los dirigentes separatistas están a la espera de recuperar las competencias autonómicas para continuar con el plan diseñado en septiembre de 2014 (Libro Blanco de la Transición Nacional). De la chistera de Puigdemont sale esta vuelta a la pesadilla del procés por persona interpuesta. Torra es resultado de la deriva personalista que ha tomado el nacionalismo catalán. Y él no oculta su papel como telonero de Puigdemont. Aunque figuró en el puesto numero 11 de las listas de JxC, ni siquiera es militante del PDdeCAT.
Con unas u otras palabras reconoce que su inesperado salto al poder reside en el dedo del “presidente legitimo”. Y no parece que su autoestima se haya resentido con la colección de los atributos que le dedican en ambientes políticos y mediáticos de dentro y fuera de Cataluña. A saber: demagogo, marioneta, hombre de paja, títere, palmero, guiñol, subalterno, vasallo, supremacista, sectario, primario, nazi, xenófobo, racista, excluyente, vasallo y “pobre desgraciado”.  ¿Como puede adornarse con el titulo de molt honorable quien se presta a ser manejado a distancia por un líder que escapa al extranjero huyendo de la justicia y dejando tirados a sus seguidores?