lunes 16.09.2019

El valor de la apariencia

No se había visto mercadillo callejero tan agitado y vocinglero como el del pasado sábado. No se vendían pantys ni pepinos. Lo que se vendía y se compraba eran cargos políticos en los ayuntamientos. Y cada puesto tenía su miga y su enredo. Hasta tal punto que puede maliciarse que algún trueque puede tener devolución de prenda y reventa del bastón de mando. Pero cuando se fueron las furgonetas y se barrieron las calles la gente se puso a comentar cómo fue la feria. Y aquí es donde la apariencia adquiere la categoría del hecho. Eso sí no lo supera. Lo que se impone como bueno es en muchas ocasiones la sensación que queda en la clientela.

Dejando aparte al que no tiene puesto ambulante sino en la Moncloa, y ese es Sánchez y el PSOE, vencedor aunque con mal sabor por algunas espinas, en esta ocasión, el PP ha salido con la impresión de que ha sabido regatear mejor que nadie. Haciendo bueno aquello de que un perder es un ganar ha conseguido aparecer como quien se ha llevado el gato al agua. Y puede que se lo haya llevado y no solo por las ganancias, que han superado a las perdidas. Su posición ha salido reforzada y no solo por los resultados sino por haber causado que era el puesto más serio y fiable, mientras que a sus lados por un costado muchas voces y por el otro el juego a dos barajas no ha terminado demasiado bien para ambos, aunque para el del trile y la bolita puede que no traiga buenas consecuencias. Al menos el de las voces siempre daba las mismas, hay a quien le gusta el vocerío y al final ha sabido estar en su sitio, que lo tiene aunque haya quien se lo niegue.

Pero los otros, los vendedores de naranjas, no han salido bien parados del zoco. Aunque estén satisfechos de todo lo que han mercado. En la retina ha quedado que son poco de fiar. Que su palabra vale menos que la de aquellos tratantes que daban la mano y el trato quedaba cerrado.

Lo que dijo Ciudadanos antes de las elecciones, cuando decía que iba a ser el líder de la oposición. Y lo que ha hecho ahora no se parece en apenas nada, excepto que lo siguen diciendo los mismos aunque incluso ellos se parecen poco a lo que creíamos que eran. Llegado el día y por cada esquina se han lanzado al trueque y cambalache y al final, han logrado pillar algo con todos, pero quizás no sepan que esta vez a quien le han pillado la matrícula ha sido a ellos. Resulta que hacían dengues y pamemas contra Vox y les ha faltado pactar con Bildu. A Page se le han entregado como pajecillos, con el socialsanchismo han hecho cambalache allá donde creían que les veían poco, en Melilla han llegado al esperpento y conseguido la ciudad autónoma, con un solo escaño y amarrados a los islamistas y al PSOE, algo que tendrá malas consecuencia para España y han ido por toda la geografía demostrando que hay que tener mucho cuidado con ellos.

Esto puede que sea lo mas relevante de este zoco de la vergüenza que una vez más hemos sufrido por causa de que, en esto todos los partidos, se nos niega y se nos roba a los ciudadanos el elegir, directamente y en segunda vuelta a nuestros alcaldes, para así ellos poder sacarse sus tajadas. En esta ocasión los de Rivera han quedado muy retratados. 

El valor de la apariencia
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