viernes 18.10.2019

Historia y cine

La pregunta es simple. ¿Por qué las novelas históricas españolas gozan de cada vez un mayor reconocimiento y captan a millones de lectores y el cine español es incapaz de hacer una película en ese género que consiga el aprecio de los espectadores?

La pregunta es simple. ¿Por qué las novelas históricas españolas gozan de cada vez un mayor reconocimiento y captan a millones de lectores y el cine español es incapaz de hacer una película en ese género que consiga el aprecio de los espectadores? La respuesta es también sencilla: Porque salvo excepciones muy contadas, directores, guionistas y actores y en general ese mundillo están en el lado de quienes consideran que la Historia de España es “facha”, es una mancha y un crimen milenario, una vergüenza oprobiosa que cae sobre todos nosotros como nación, como pueblo, como lengua, sobre todo nuestro pasado, nuestro presente y sobre nuestro futuro.
El cine del fart-west es una seña de identidad de EEUU donde se han forjado muchas de las grandes maravillas de ese arte, las películas de “vaqueros” que vienen a contar como las bajaban montados en sus caballos desde donde nosotros, los españoles las habíamos llevado, a las unas y a los otros. El cine inglés ha producido también grandes obras maestras que le han servido para que su imagen en el mundo fuera conocida y admirada.
Nosotros, por el contrario, nos hemos dedicado, y dejo al lado los bodrios imperiales del franquismo, a echar paletas de mierda sobre cualquier aspecto, hecho, descubrimiento o hazaña desde que estas tierras fueron conocidas como Hispania. La Leyenda Negra se queda en pañales casi piadosos ante la imagen que los cineastas se han dedicado a ofrecer de nuestro pasado. Mugre, oscuridad, miseria como paisaje de fondo unido a la atribución de cuanta maldad, vesania y crueldad quepa por escena.
Y lo hacen porque así es como esos presuntos intelectuales creen que es nuestra historia colectiva. Porque la “progrería” supone que España, en sí misma, es algo de lo que avergonzarse. Y pretenden, y logran en muchos casos, ayudados por toda una corriente “intelectual” que domina no poco territorios de las castas universitarias, y en especial la comunicación, que esa percepción sea la hegemónica en los medios y los mensajes.
Pero a no poca parte de las gentes, eso de que los reflejen como la peor peste de la Tierra les harta y lo que hacen es decirle, con hechos, a los señores del cine y al artisteo de la ceja que a su películas va a ir a verlas su familia más cercana.
El asunto salió a colación en el reciente curso que Escritores con las Historia, que agrupa a más de una treintena de novelistas de primera línea, ha ofrecido y organizado con la Universidad de Alcalá. Una de sus actividades complementarias tuvo como eje el tratamiento del cine al género histórico y al ver la comparación de talantes y obras extranjeras y las propias, amén de envidia por la calidad de como otros y en otros lugares muestran ese pasado, surgió un reproche mayoritario a lo que aquí se practica como norma. ¡Y no será por falta de historia! Es por la ignorancia, el complejo y el haber asumido como propia y creíble la más maniquea de las leyendas y propagandas contra nosotros mismos lo que produce tan perversos resultados. Tan diametralmente opuestos a lo que esta sucediendo en el ámbito literario, donde sin ahorrar las criticas, ni las sombras, ni los desatinos, no dejan de exponerse las virtudes y las hazañas que un pueblo y sus gentes que han dado al mundo. 

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