martes 17.09.2019

Los buenos y los paganos malos

No hay verano sanchista sin un barco ONG. Es marca de la casa, como lo era el posado de Ana García Obregón para las revistas del corazón cuando la política ¡qué años aquellos! veraneaba y nos dejaba veranear. Con Pedro Sánchez el “posado” gubernamental es más impredecible y no se sabe bien por dónde va a salir si de Purísima y Acogedora Santa María de la Concepción, que es lo que hicieron cuando aquel spot publicitario que montó Redondo, con el “Aquarius” y “san” Pedro recién tomadas las llaves del paraíso monclovita en papel de acogedor mundial de todo desvalido que pululara por océanos y mares, o con barbas y san Antón, que ya no se sabe si va a echar la bendición o no. 

Que es lo que ha pasado este año con el “Open Arms”, que aunque se llame así es un barco español, de una ONG española, muy requetebién subvencionada por el Gobierno español y muy querida de grandes progres de mucho postín firmantes habituales de manifiestos “a favor” que encabezan siempre los Bardem. En el siguiente supongo que ya añadirán, nacionalizado a Richard Gere, que se ha unido a la causa y al propagandístico  posado en alta mar.

Este verano el ‘spot’ con el “barco solidario ONG” ha salido bastante desairado. Vale, es doctrina mundial que el italiano Salvini es el malo mundial de la película, para todos excepto para la mayoría de los italianos, según parece, pero ¿quién hace el papel de “bueno”? Todos quieren aparecer como tal, pero como actores de reparto, un poco por detrás del protagonista principal, un algo así entre “tú primero que ya vamos los demás” o aquello más nuestro de “si hay que ir se va pero ...”

Y a Sánchez lo que le ha pasado es que como clamoreo que el bueno, y el guapo además, era él, pues se le han venido para aquí aunque estaban bastante para allá. Y ya saben la que se ha enredado. Que no desembarcas, que te vuelvas, que a mí no me los devuelves tú, que unos que digan que sean menores y Salvini se los tiene que tragar, que reparto proporcional, que bueno, que vente para Algeciras y que no me da la gana de ir porque están “psicológicamente” muy mal y no vamos a poder llegar, pues a otro puerto a elegir, y así, y asa, que no sabemos en que va a parar. 
Y ahora con la vicepresideanta Carmen Calvo de por medio ya es cuando será el desparrame total. La de Cabra de entrada ha venido a decir que en Malta habrían estado mejor, y que si no quisieron desembarcar es por que no les dio la gana de hacerlo y que lo que la querían es liar. Que algo de razón, y por una vez, hasta puede llevar, aunque lo que no va a reconocer es que en el lío han andado enredados y mucho ellos también. 
V

amos que este “spot”, sin orquestas, charangas, televisiones como cuando aquello de “Salvador Universal” del “Aquarius” va a quedar tan feo y deslucido que mejor será ni aparecer por el.
Pero amén del esperpento montado, algo sí ha ido quedando en la retina de la gente de a pie. ¿Y estos de estas ONG qué hacen y quiénes son? Esa pregunta empieza a abrirse paso en la cabeza de muchos y a crear interrogantes sobre los que antes eran los “buenos” y no había más que hablar, no se permitía siquiera la sombra de la duda. Pues ahora ya afloran algunas. 

De la relación que puede ser de estricta y humanitaria necesidad con los traficantes de personas o que haya algo más no es cuestión de hablar sin tener más que indicios, que alguno hay, pero sería atroz el generalizar. Pero hay otra que no es menor sino muy principal. Es la del dinero. ¿De donde salen los fondos que manejan y que no parece precisamente escasos?

Porque se dicen y se proclaman Organizaciones No Gubernamentales. ¿Pero sean estos o la pléyade de miles de sectores ecologistas, animalistas, feministas que los hay por todas partes y con inmensa profusión de siglas, el dinero proviene de sus afiliados, de sus simpatizantes ¿o no? Y resulta que ese no sí que es no. Que la parte esencial de los recursos no sale de “ellos” sino de todos “nosotros”, de los bolsillos del contribuyente pagador de impuestos, y luego regado como subvención generosa por gobierno central, de comunidad, diputación o ayuntamiento o todos a la vez, para que los “héroes” puedan hacer su papel redentor. Y ante ello ese pomposo y otorgador de bula universal de ONG hay que ponerlo como poco en entredicho y que quizás había que ponerlo en algo más.

Por ejemplo, ¿podríamos saber los españoles cuántas ONG existen y cobran subvenciones en España? ¿Cuántas, cuánto, de quién y para qué? ¿ Es, acaso, mucho pedir? ¿O es que está prohibido hacer esas pertinentes preguntas por ser ellos los “buenos samaritanos” y nosotros los “malos paganos”? Una respuesta tengo. Paganos, sí.

Los buenos y los paganos malos
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