martes 22/9/20

LA VENTANA Y EL ESPEJO

El Mac ofrece al muestra “La ventana y el espejo”

El Mac ofrece al muestra “La ventana y el espejo” de la artista Karin Kneffel (Marl, Alemania, 1957) en la cual ensaya un peculiar modo de realismo, sirviéndose, bien de la reproducción de imágenes agigantadas o bien del desdibujamiento y la veladura; en el primer caso, como ocurre con el enorme cuadro de manzanas (540x360) o de uvas (300x220) estaríamos ante un cierto hiperrealismo que estuvo muy presente durante la década del 80; en el segundo caso, la realidad se torna fluida, acuosa, evanescente y la escena o espacio retratado se ve influido por la cinética del tiempo, entonces hace aparición un temblor, una poética del recuerdo, una nostalgia en la que se mezclan evocaciones de su infancia, imágenes del cine, sobre todo del de Hichkock, guiños a la arquitectura de Mies Van der Rohe o a Las Meninas de Velázquez.
El encuadre que usa remite, por un lado a  la tradicional ventana de Alberti, con su proyección en perspectiva y, por otro, a la idea  de escena reflejada en espejo que tiene en Velázquez a uno de sus maestros. Kneffel no inventa lo que pinta, sino que abunda en el modo de operar del ojo y en la interpretación que de ello hacen el pensamiento y la imaginación; por eso se sirve de la hipérbole, por medio de la cual consigue que unas gotas de agua de lluvia sobre un cristal, inundadas de luz dorada, se convierten en enormes  pedruscos de oro; y es este agrandamiento, esta desproporción lo que causa el impacto visual sorpresivo.
Otras veces, a modo de contrapunto espacial, las escenas se superponen, se solapan, de modo que las imágenes pierden nitidez, se diluyen, se difuminan en un aura fluctuante como de sustancias licuefactas; así ocurre cuando pinta interiores de la Haus Esters, el museo construido por Mies van der Rohe, como visto a través de un cristal embazado por la lluvia; o como cuando convierte las paredes de la casa de su infancia en una enorme pantalla nocturna, sobre la cual las sombras de los árboles adquieren el aire de inquietantes fantasmagorías, entre las que vagan espectros cinematográficos.

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