domingo 13.10.2019

PUNTOS NEGROS CORUÑESES

Bueno, uno de los más negros era –cuando escribo estas líneas– el incumplimiento del comienzo de la obra de remodelación de A Gaiteira. Al menos, a mediados de febrero no había allí ni una máquina. Todo, después del tremendo descontento que causó entre los vecinos las polémicas características de la cacareada remodelación que sólo satisfacía a los seudo comisarios políticos.

Bueno, uno de los más negros era –cuando escribo estas líneas– el incumplimiento del comienzo de la obra de remodelación de A Gaiteira. Al menos, a mediados de febrero no había allí ni una máquina. Todo, después del tremendo descontento que causó entre los vecinos las polémicas características de la cacareada remodelación que sólo satisfacía a los seudo comisarios políticos.

Otro punto negro se localizaba en el Paseo Marítimo, en cuyo tramo entre la Domus y As Lagoas los accidentes de tráfico se vienen sucediendo sin solución de continuidad y el mobiliario urbano de la zona queda hecho unos zorros, amén de los posibles perjuicios humanos.

Otro punto negro –¡negrísimo!– reina, o reinaba hace pocos días, en la acera del Parrote que da acceso al hotel Finisterre. No sé si debería estar al cuidado de la empresa antedicha o del ínclito gobierno municipal de La Coruña, pero sí sé que la acera parece el antiguo Sarajevo después de un bombardeo: ni una sola losa está entera o en su sitio y los días de lluvia pasar por allí es hacer oposiciones a protagonizar un poema heroico.

Y otro punto negro –éste, ya de todos los días– se ubica en el comienzo del paseo de la Dársena. Por activa y pos pasiva le hemos pedido al alcalde que meta mano en el conflictivo paso de peatones de principio del Paseo, pero habrá que esperar a que muera una persona para que el “políglota” Negreira de un paso al frente. Un punto negro más, que serían varios, se refiere a la cada vez más problemática proliferación del botellón en los lugares más insospechados.

La imaginación de la juventud en este orden de cosas no tiene límite, pero la de la guardia municipal parece que sí lo tiene. Si a ello añadimos que los “botellones” ahora también hacen fiesta en determinados portales, el panorama se presenta más que completo.

Como broche, los vecinos de Oza-Gaiteira-Os Castros no paran de elevar quejar a la Alcaldía.

Bueno, ¿y el señor alcalde? Muy bien, gracias. Y cantando en inglés himnos de guerra balompédica.

Así nos va.

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