domingo 18.08.2019

Mamá, quiero ser político

Yme imagino la cara de esa madre. Llamada urgente al padre y reunión familiar. Algo hemos hecho mal con este chico, pero quien le mete estas ideas en la cabeza, un profesor de su colegio ya nos dijo que el niño tenía rarezas, pero no nos advirtió de la gravedad del asunto, quizá no le hemos hecho un seguimiento más efectivo. 
Estoy convencido que la madre de Concha Velasco no se llevó tanto disgusto cuando esta le contó que quería ser artista, en aquellos tiempos en los que ese mundo era noctámbulo y oscuro. La Velasco triunfó e imagino a su madre orgullosa de su hija y de su profesión al verla en las fachadas de la Gran Vía madrileña llenando teatros y cines. Es entendible porque hoy es más fácil imaginar a ese niño que quiere ser político en las páginas de sucesos y tribunales que llenando teatros en mítines. Los tiempos son así y, sin embargo, no creo que el joven aspirante a político esté equivocado. 
Para triunfar en una profesión, sin ser Belén Esteban, hay que estudiar y esforzarse, carreras, masters, prácticas no pagadas, etc., un sinvivir que dura demasiado tiempo. Para ser político no tienes más que afiliarte a un partido y echarle horas en la sede, antes o después acabas de concejal, diputado o ministro y si te haces con la amistad de algún jefe o jefa, la carrera puede ser meteórica y cobrando un buen salario desde el primer día. 
Conozco médicos que después de nueve años de estudios ganan 2.000 euros al mes y trabajan diez horas al día salvando vidas y también a cajeras de comercio que tras nueve meses de trabajo aspiran a ser vicepresidenta del Gobierno de España, con sueldo, chofer y escolta. El médico tendrá que pagar toda su vida una hipoteca para hacerse con un pisito mientras un político puede hacerse con una mansión con apenas cuatro años de ejercicio en la cosa pública. Pero, es más, un profesional que gestione una empresa a de responder de los resultados cada año y, si no cumple expectativas, puede ser despedido. Miren como será que, si los números no cuadran, puede incluso ser acusado de administración desleal y acabar con sus huesos en la cárcel. 
El político es muy raro que acabe en la cárcel, aunque arruine un país sencillamente lo apartan y seguramente cobrará algún sueldo vitalicio por alguna razón que se nos escapa al resto de mortales. Ahí tienen al jefe del clan Puyol, manejando cuenta multimillonarias en Andorra y en otros países y nadie se atreve a tocarle, parece ser que porque si lo tocan “caerán todos” y ante esa amenaza el anciano Puyol se pasea por la calle ante el aplauso de muchos asilvestrados que aún hoy lo veneran. 
Si lo piensan bien, el chico que quiere ser político no está tan equivocado, aunque sus padres, personas de bien, estén preocupados por su decisión. Pero es que, además, si es político encontrará trabajo también para su mujer, sus amigos y sus hijos cuando lleguen. Solo desde la política una o un consorte de político puede pasar de ser policía local de un pueblo a asesora de un delegado de gobierno o una telefonista llegar a presidenta de una comunidad autónoma. 
La cosa está montada así y no aceptarlo te convierte en un antisistema peligroso. Yo les diría a esos padres preocupados por la decisión de su hijo que no subestimen al muchacho, que en el mundo del pragmatismo sin valores en el que vivimos su decisión es correcta y que, probablemente algún día llegará a ser el jefe de ese médico que se dejó la piel sirviendo a los demás, salvando vidas. Sin embargo, el muchacho debe de saber que nunca ganará, por derecho, lo que gana Belén Esteban, no se preocupen, ya hay jóvenes que quieren ser la Esteban. ¡Que mundo!

Mamá, quiero ser político
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