sábado 24/10/20

Rivera va acelerado

Sinceramente, necesitamos un descanso en este estrés de vida que el calendario electoral y la marrullería política nos ha impuesto. Un líder político que nos transmitiera sosiego y actuara con un mínimo de inteligencia emocional, tendría muchos puntos ganados en estas alocadas contiendas electorales. Pero no, no van por ahí los tiros, más bien parece que han decidido apretarnos hasta la saturación y, lo que es peor, parecen querer trasladar a la ciudadanía la responsabilidad de solucionar los problemas que nos crea la política. 
El mundo al revés, porque se supone que elegimos políticos para que nos solucionen problemas y no para que nos los creen. Los resultados de unas elecciones deben ser aceptados por todos, pero, en primer lugar, por los partidos. Rivera no parece querer entender esto y, por su cuenta, se proclama jefe de la oposición al margen del resultado, que lo relega a tercera fuerza, que no es poco, para que contribuya desde la posición que le hemos dado, a participar en la solución de las dificultades que padecemos. 
No acepta el resultado y está empeñado en prolongar su estado de marcha en campaña permanente hasta no se sabe cuándo. Tiene varios problemas para esta estrategia, porque cuando consiguió ser primera fuerza en Cataluña no supo administrar su éxito y se convirtió en irrelevante, agravando la situación hasta retirar de la política catalana a Arrimadas que abandonó el Parlament para irse a Madrid y olvidar así su victoria. 
Arrimadas es un valor al alza y Rivera sabe que el futuro de la formación naranja pasa más por la andaluza catalanizada que por él mismo. Es más fácil desdibujarla en Madrid que mantenerla en primera línea en Barcelona, la primera factura la pagará mañana en la propia Cataluña, donde, según la demoscopia, perderá ese primer puesto en favor de los separatistas. Rivera deja la política catalana para el follón y los pataleos y se aparta de la solución en beneficio propio. Rivera solo aspira a destruir al PP para mayor gloria de él mismo y porque lleva seis o siete intentos como candidato y su partido ya lo mira de reojo harto de ser una estrella que no acaba de brillar. 
Fuera de su proyecto personal no le importa nada y todo lo sacrifica pensando en sí mismo. Por eso mandó a una paracaidista a encabezar la lista de La Coruña en las generales y tras conquistar su acta de diputada desapareció de aquí y en las municipales ni se le vio ni la esperaron, contribuyendo a que Ciudadanos sea una fuerza marginal e irrelevante y la gran mayoría de los votos que obtenga mañana serán votos perdidos en beneficio de una izquierda que ve en Cs un colaborador útil para sus resultados electorales. 
Veremos los próximos días cómo Rivera se apresura a buscar pactos con el PSOE por las autonomías españolas y en muchos ayuntamientos serán la muleta del partido socialista. Rivera se ha visto ya con líderes socialistas regionales para preguntarles si ven posible sus acuerdos a pesar del enfrentamiento artificial que mantiene con Sanchez. En su euforia acelerada Rivera solo mira su zanahoria a la que no dejará de mirar renunciando a ver también su entorno, a mirar a todos los españoles y empatizar con ellos. Demasiada egolatría, demasiadas prisas. Va acelerado.

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