Viernes 16.11.2018

La economía o el sentimiento

Aun día de las elecciones autonómicas catalanas y vistas las últimas

Aun día de las elecciones autonómicas catalanas y vistas las últimas encuestas publicadas, parece que a una inmensa mayoría de catalanes la negativa evolución de la economía de su tierra les importa un carajo. Por más datos malos que se publiquen, da igual si son relativos a la salida de empresas, consumo, venta de inmuebles, inflación, desempleo, autónomos...
En resumen, una caída en toda regla de la actividad, que, según el ministro de Economía, se va a traducir una caída del PIB de cuatro a cinco décimas, es igual para muchos millones de catalanes. La matraca mentirosa y engañosa sigue siendo la misma: la culpa es del Estado español opresor que con la violencia desplegada el 1-O ha asustado a los inversores, empresarios y consumidores. Por mentir hasta son capaces de negar los datos de salida de empresas que minuciosamente han ido proporcionado los registradores de la propiedad.
El fanatismo, el hooliganismo es de tal cariz que, al menos de momento o al menos lo que confiesan que van a votar mañana, es casi idéntico a lo que ya votaron en las anteriores elecciones. Claro que sube Ciudadanos y que, por tanto, el bloque constitucionalista mejora sus resultados y sus expectativas y hay que alegrarse por ello. Pero, desgraciadamente, si ganas y no gobiernas, tienes un problema. O, peor, si no hay forma de que del resultado de las elecciones se pueda formar un gobierno y haya que repetir las elecciones, algo que ya no se descarta, es cuando el problema para la economía, para los catalanes y para los españoles se agravaría.
Si hubiera que repetir elecciones, estaríamos hablando ya de tres trimestres de incertidumbre y desconfianza y entonces puede que muchas empresas e inversores que ahora están esperando el resultado de los comicios para tomar posiciones, decidan que no aguantan más. Y ya no hablaríamos sólo de cambio de sede social o fiscal sino de traslado de la producción. Quizás entonces, las previsiones para la economía catalana serían letales y el contagio a la economía española en su conjunto bastante mayor del que ahora se está previendo.

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