miércoles 5/8/20

CUANDO TIEMBLA EL CIELO

Llevo a gala en mi currículo el haber visto, aunque fuera de lejos

Llevo a gala en mi currículo el haber visto, aunque fuera de lejos, el punto más bajo y el más alto del planeta: el Mar Muerto y la cordillera del Himalaya. Aunque en el primero puede entrar cualquiera, acercarse a algo más que una vista panorámica del segundo requiere un valor y una serie de habilidades montañeras que no todo el mundo posee. La gente habla siempre de la inmersión espiritual que supone la India pero el viaje interior es mucho más intenso en Nepal. Será porque es donde las montañas son tan altas que tocan el cielo y eso permite estar más cerca de Dios, de cualquier dios.
El único país que se podría permitir el lujo de mirar a los demás por encima del hombro sufre estos días una catástrofe de esas que encogen el corazón. Vemos subir el contador de muertos con la misma rapidez que sube cuando llenamos el depósito de gasolina. Van ya más de cuatro mil, todos con sus historias y sus dramas personales y el vacío que dejan en cada una de sus familias. Los huracanes tienen nombre, pero los tsunamis y los terremotos son tan huérfanos como los que van dejando a su paso.
Que se hayan derrumbado cientos de construcciones no asombra a quien haya estado en el país. El turista contempla los viejos edificios, en su mayoría de madera y ladrillo, llenos de cables de los que siempre cuelga algún mono, y piensa que cómo pueden seguir en pie, así que es fácil entender que el temblor los haya tirado como un castillo de naipes.
En un sitio donde casi siempre hace frío, estos días la gente prefiere dormir en la calle e incluso el presidente ha pasado la noche en una tienda de campaña. En Nepal conocí a un sherpa que se reía sin parar y que adoraba la literatura norteamericana, en especial ‘On the road’, de Jack Kerouac, y carreteras son precisamente lo que necesitarían ahora mismo para poder llegar a los pueblos aislados. Los sherpas son tipos duros, acostumbrados a subir montañas sin despeinarse para ver cómo los occidentales nos emocionamos por ser los primeros en trepar a sitios donde ellos han llegado mil veces antes, pero cuando tiembla la tierra tan cerca del cielo, el miedo es más libre que nunca.
Nepal es conocido por tener en su territorio ocho “ochomiles”. Esperemos que la cuenta del desastre se quede muy lejos de llegar a otorgarles el noveno.

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